En un pueblo cerca al mar, vivía una joven de 15 años huérfana. Ella fue criada por sus tíos ya que sus padres murieron en un accidente cuando tenía 9 años.
Aquella joven había olvidado a sus padres, y por más que lo intentaba no conseguía recordarlos.
En aquel pueblo también vivía un «Hombre Encantado», este dichoso hombre les mostraba en un papel en blanco, imágenes de tus seres queridos, algunos vivos y algunos fallecidos.
Su gran don era reconocido y los tíos de la joven fueron ha visitarlo. Le pidieron alguna imagen de su hermano y su esposa. Él hombre encantado les mostró el papel, los esposos ilusionados observaron pero en el papel vieron únicamente a sus hijos y su sobrina.
Cuando la chica cumplió 18 años quiso visitar al Hombre Encantado. Aquel hombre le preguntó: ¿Por qué vienes a mi?
Y ella le respondió: porque no recuerdo a mis padres, ellos murieron cuando yo tenía 9 años.
El Hombre Encantado se acercó observándola, ella estaba nerviosa, tenía miedo.
Él Hombre Encantado puso el papel en la mesa, ella se apresuró a buscar lo que quería ver. Apareció la figura de un hombre y una mujer, ella se sorprendió y dijo: ¿son mis padres?
Él Hombre Encantado le contesto: yo eso no lo sé, no los conocí, tú has de tener la respuesta.
La joven volvió a mirar desesperada, pero no sabía dar respuesta si eran sus padres.
De pronto él Hombre Encantado le acercó el espejo, lo puso al lado del papel, y le dijo: si son tus padres mírate y busca en tu rostro que te dice el corazón.
La joven nerviosa lo intentó pero no se podía concentrar estaba muy nerviosa. Él Hombre Encantado cogió su mano y se la puso en el corazón y volvió a repetirle, mira con el corazón.
Sus ojos llorosos permanecieron unos instantes quietos expectantes. Hizo un respiro corto tratando de controlar su inquieto corazón, hizo un respiró profundo y volvió a intentar mirar…
Vio sus ojos en los de su madre, su cabello rebelde en su padre. Aquella nariz respingona de su padre en ella, las manos pequeñas de su madre. El lunar en el cuello de su padre que en ella estaba casi en el hombro.
De pronto sintió una melodía suave y delicada la cual recordó de seguida, era una canción que su madre le cantaba para acunarla. Recordaba la suavidad de las manos de su madre mientras le acariciaba su rostro, sentía en ese momento todo el amor que la volvía hacer feliz.
Escuchó la risa de su padre cuando jugaban y vio sus caras llenas de felicidad.

