Una vez al año invadían las calles de Chimbote. Casi siempre iban en grupo, destacaban por su altura y su caminar con garbo.

Su uniforme muy bien planchado e impoluto, más un sombrero que les daba más altura, todo y el sombrero se podía entrever que llevaban el cabello muy corto y acicalado.Zapatos negros inmaculados y un maletín negro para sus pertenencias.

Era imposible que pasaran desapercibidos.

Podría haber más de uno poco agraciado, pero el uniforme se los permitía. Solo se les veía uniformados el día que llegaban y el día que partían. Eran los cadetes de la Marina de Guerra del Perú, impresionantes. Eran chicos de más de 18 años.

Llegaban a nuestro puerto a las casas de familiares o amigos, se quedaban durante sus vacaciones unos tres meses.

Mi padre siempre les llamaba pardelas, por tener estás aves marinas el plumaje muy blanco en el pecho, recordándole al uniforme inmaculado de los chicos de la Marina. También me comentaba que la Marina de Guerra del Perú tenía mucho renombre y fama, eran militares muy bien preparados.

Otro aspecto era la convivencia en nuestro puerto. A los días alguna amiga decía: Te presento a mi novio. Oh y veías que tenía el cabello muy, muy corto y pulido y de porte alto, seguro que era de la Marina. El novio destacaba de los del barrio por ser delgado y con presencia, en este caso sin gorro se le veía mucho más guapo.

Para nosotras era interesante conversar con ellos porque nos explicaban cosas nuevas que vivían en el ambiente militar; sus actividades físicas, su entrenamiento y sobre todo lo estrictos que eran los altos mandos.

Lo cierto es que tenían excelentes condiciones físicas y casi la mayoría practicaba varios deportes, aspecto que les ayudaba a integrarse.

La novia era adolescente vivió su preciosa relación con el marinerito. Él era mayor tenía 20 años. Ese verano se les vio por las playas, por la plaza de armas de Chimbote y las fiestas, paseaban su amor viento en popa, se les veía felices.

Un día volvimos a ver a las pardelitas, parecían otras personas, más elegantes, guapos, pero sabíamos que significaba que marchaban.

Los meses pasaron y la dulce novia mostraba pletórica sus cartas de amor, como no tenerle envidia, de la sana por supuesto, pero el tiempo nos abrió los ojos.

Había pasado ya un año, llegadas las vacaciones el marinero no llegó a nuestro puerto, la bella enamorada seguía ilusionada pensando que vendría por ella.

Después de mucho ahorrar la novia viajó acompañada de su madre a otro puerto para verse con su amado. Regresó feliz, su madre ya lo llamaba yerno.

Lamentablemente la mala marea llegó, el marinero en un cruel accidente falleció, la triste novia no lo podía creer y pidió a su madre que la lleve al entierro.

Ya en la ciudad donde vivía el Marinero, se dirigieron de seguida al sepelio. Eran las seis de la tarde había poca gente, la triste novia se acercó corriendo al féretro, lloró y lloró todo lo que pudo.

Su madre la acompañaba, pasados unos minutos la madre del marinero se acercó y le dijo: ¿Conocías a mi hijo?Ella le respondió: Soy su novia.

La madre con una actitud extraña, le pidió acompañarla.

Se sentaron las tres mujeres juntas hablando de lo que le había pasado.

De pronto se escuchó un grito estremecedor seguido de llanto y más gritos: No, no me dejes!!La madre del marinero cogió a la novia, ella se giro a ver y se encontró con una preciosa joven, que se abrazaba el ataúd.

La novia y su madre miraban hasta que la joven grito: ¡Mi amor no me dejes sola por favor!

Un joven, que la novia reconoció como primo del difunto, se acercó a la bella joven la trató de tranquilizar y salieron del velatorio.

La madre del Marinero intentó decir algo, pero la voz le temblaba. La novia sollozaba abrazada de su madre.

Media hora después vieron una joven desencajada, vestida de negro, que se acercaba al ataúd.

Llorana contenida, hasta que la madre del marinero se le acercó y la abrazó, rompiendo en llanto. Esta joven era su esposa.

A la novia del marinero se le acabó el llanto, se puso de pie, cogió a su madre del brazo y con su orgullo al hombro regresaron a Chimbote.

Dedicado a los amores que se fraguan en los puertos.

VAMOS A POR MÁS!

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