EL TIEMPO PASA RÁPIDO EN BESIQUE

Había quedado con una amiga para ir a la playa. Ese sábado hacia mucho calor en Chimbote, una ciudad Costera al norte de Lima – Perú.

Pasé por su casa a las dos de la tarde, después de comer y nos dirigimos al centro de Chimbote para tomar en bus. En el camino mi amiga Paola, la cual también tenía 16 años, me dijo que había quedado con unos amigos, le pregunté si les conocía y me dijo que no, que eran de la Caleta, que uno de ellos era su conocido y el otro un amigo que ya estaba en la Universidad.


Ya en la Plaza Almirante Miguel Grau, al frente del Hotel Chimú, de donde sale el bus para la playa, se acercaron a nosotros dos chicos, uno de ellos era más alto que el otro. Paola nos presentó su amigo se llamaba César y el compañero del amigo, el más alto se llamaba Juan Carlos.
César nos dijo que salía un bus pequeño y de seguida los cuatro subimos al bus.


Teníamos asientos, pero algo separado de los chicos, por lo que no pudimos conversar.


Paola volteaba a verlos a cada momento, la noté algo nerviosa y le pregunté que le pasaba. Ella en tono muy, muy bajito, me dijo que César se le había declarado hace unos días, que se habían dado un beso, pero que no se habían podido verse desde esa fecha. Ella no paraba de arreglarse el cabello, se ponía labial, gotitas de perfume de manera disimulada, al parecer realmente le gustaba.


El viaje se me hizo ameno por la conversación, pero antes de llegar a Besique, mi amiga me preguntó si me gustaba el amigo, y yo le dije es guapo, pero no hemos podido hablar. Al llegar a la playa César se puso del lado de Paola y Juan Carlos a mi costado.


Caminamos el trozo donde están los restaurantes, luego bajamos un poco hacia la playa. No había mucha gente y nos quedamos cerca del cerro a la izquierda mirando al mar.


Mi amiga tenía algo de vergüenza quedarse en bañador, se enredó poniendo la toalla, por lo que me acerqué para ayudarla y le dije que se tranquilizara. Los chicos se quitaron las mudas y directos a darse un chapuzón, hacía mucho calor.


Le dije a Paola para meternos al agua y no quiso, los nervios le jugaban una mala pasada. Yo me metí al agua, nade un poco y los chicos se acercaron. Recién pude ver bien a Juan Carlos; alto, más alto que yo, simpático y con una mirada muy dulce. César me preguntó que le pasaba a Pao y yo le dije que estaba algo nerviosa. Me dijo mejor voy ha conversar con ella.


Pues nada nos quedamos Juan Carlos y yo en el agua, el agua me llegaba al cuello y a el por el pecho. Me pregunto mi edad, en que colegio estudiaba y en qué Universidad estudiaría . Le dije La Villarreal y que postularía para Nutrición.


Resulta que Juan Carlos era cuatro años mayor, ya estaba en la Universidad y hacía Ingeniería Civil. Siempre regresaba por vacaciones a Chimbote para ver a sus padres.


Yo me saqué una pulsera que tenía y comencé a tirarla a ver quien la alcanzaba antes. Estuvimos jugando un buen rato de vez en cuando miraba a Paola de lejos y ya los veía acaramelados dándose algún que otro beso.


Juan Carlos era delgado pero fuerte, nos habíamos chocado unas cuantas veces al ir por la pulsera. Me preguntó si tenía novio, le dije que no y me dijo que como era posible.

Después conversábamos de las Universidades, de la vida en Lima, etc. Pero entre el juego y la conversación yo iba sintiendo que se me acercaba más, que me miraba diferente, algo que a mi no me desagradaba, hasta que en un momento nos quedamos cerca frente a frente hablando sin más.


Paola me llamó para ir al baño. Mi amiga nada de meterse al agua, pero yo ya la veía muy roja. Fuimos a uno de los restaurantes al baño. Ella emocionada me contaba que le había pedido para estar de enamorados, se atacaba de la risa al contármelo.


Al regresar encontramos a los chicos hablando. Me senté en la toalla para secarme. Sentí el característico viento de Besique, ese que lleva arena y te hace picar las piernas.


Paola y César se fueron a dar una vuelta.


Juan Carlos estiró su toalla junto a la mía y nos sentamos a conversar. Su diálogo era interesante, entretenido, no como los chicos de mi edad, me comentó también que extrañaba a su familia y amigos del barrio.

El viento se puso más pesado y nos pusimos de pie para poder sacudir las toallas. De repente recuerdo haber echado la vista a la playa, nada, sin gente, solo una o dos personas a lo lejos.

Mire la zona donde se colocaba el transporte, nada de nada. Había sol, pero se nos había pasado el tiempo volando. Que cara habré puesto del susto que Juan Carlos me miró y de seguida sacó su reloj de la mochila, eran las 6.30 en Besiqueeee!!!


Paola ni su chico aparecían, recogimos las cosas rápido, nos acercamos a los restaurantes a preguntar por el transporte, yo ya estaba atacada de nervios, solo pensaba en que me meterían la bronca y seguro me castigarían, el bus solo salía hasta las 5.30pm. Venga, respira, piensa, me decía a mi misma, pero volteé a ver y solo vi un coche aparcado fuera de un restaurante.


Enfadada conmigo misma le dije a Juan Carlos que yo me iba caminando, y el me dijo no te puedo dejar ir sola, te acompañó.

Caminamos de los restaurantes a la entrada del túnel, casi sin hablar y sentimos unos silbidos, claro, era la parejita que tampoco se enteraron del tiempo. Paola y César, corrieron hacia nosotros y nosotros comenzamos a correr hacia la salida del túnel, a mi se me dio por gritar y de pronto los cuatro gritábamos y sentíamos el eco gritar también.


Cuando nos dieron el encuentro, Paola no paraba de decir que la matarían en su casa, nos cogimos de la mano y corrimos y caminamos de prisa, nadie hablaba. Solo veía arenal, dunas por todos lados, parecía interminable, nunca pensé que era tan, pero tan lejos la playa de la entrada.


Cruzamos la Panamericana y ya no había luz. Juan Carlos diciéndonos que solo quedaba pedir a aventón o pillar un bus que viniera de Lima.


A los 40mnts. paró un bus que venía de Lima el cual nos llevó hasta Chimbote. Paola y yo seguíamos cogidas de la mano asustadas. Le pedimos al conductor parar por la zona del Trapecio.

Nos dejó a las dos en Pensacola, Estadio Centenario Manuel Rivera Sánchez, los chicos quisieron acompañarnos pero, nosotras nos negamos, por que seguro si los veían por casa, más problemas nos harían nuestros padres. Fue una despedida fría y distante, sentí la mirada de Juan Carlos, de preocupación por mi.


No recuerdo nunca haber corrido tanto. Llegué a casa a las 8.50pm. Con las lágrimas en los ojos, de la preocupación, los nervios y el miedo, entré a casa… No había nadie!!! se habían ido al cine, ja, ja, ja. Bendita sea mi suerte, pensé.


Paola no tuvo tanta suerte como yo, la castigaron sin ir a la playa, ni piscina, una semana. Al día siguiente nos vimos un ratito en la bodega de Don Manuel del barrio, las dos súper quemadas por el sol.


Ese verano que ya terminaba, Paola siguió de enamorada de César y yo conversé dos o tres veces con Juan Carlos por que ya regresaba a las clases de la Universidad en Lima.

VAMOS A POR MÁS!

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