LOS AÑOS MARAVILLOSOS EN CHIMBOTE

Mi madre siempre tenía los álbumes de fotos bajo llave, los cuidaba muy bien, y solo en momentos especiales los sacaba, y contaba las historias tras las imágenes.

Recién cuando tuve 16 años, vi esta preciosa foto de mis padres, de inicios de 1958.

Por ases del destino, mis padres se conocieron en Ica, en una pensión mientras comían.

Me contaban que en Ica, solían veranear en la Huacachina. Mi madre me explicaba maravillada, que era todo un oasis muy de moda por esos años. Las familias pasaban el día, entre baños, caminatas y comidas.

Con el tiempo, mis padres se establecieron en Chimbote. Mi padre siempre fue un amante del mar y no de cualquiera, únicamente le gustaba ir al Campamento Atahualpa, siempre decía que no le agradaban las playas donde había mucha gente.

Durante el verano íbamos a la playa al medio día, lo primero era enterrar la sandía, otras frutas, y las bebidas en la orilla, señalando el lugar, que todo y eso alguna vez el mar se tragó parte de nuestras reservas.

De pequeña mi madre y yo jugueteábamos en la orilla del mar. Con 11 años entraba con papá al mar, pero por más que él insistía yo solamente nadaba cerca de la orilla.

Papá comenzaba a correr y se perdía entre las enormes olas del Atahualpa. Él se fondeaba para que las corrientes no lo arrastraran, mientras tanto yo padecía esperando verlo salir y si, siempre resurgía mar adentro, donde ya no había olas. Yo me quedaba más tranquila pues ya me había explicado que en el fondo, antes de comenzar las olas, el mar es calmado y se puede nadar. Mi padre pasaba una media hora nadando, tenía buena técnica y resistencia. Luego salía como si nada, siempre fue muy atlético.

A inicios de temporada llevábamos algunas ollas, en las cuales recogíamos Muy Muy y maruchas. Papá insistía una y otra vez, tratando que comiera los bichos crudos recién recogidos del mar, y yo no podía al sentir que se movían. Mamá tampoco los comía sin cocinar y papá jugueteaba tirándole algún muy muy, aún escucho sus carcajadas que pintaban mi bello mundo…

Comíamos lo que habíamos traído de casa y mientras mis papás descansaban, yo me ponía a recoger las carcasas de maruchas, caracoles o corría tras los cangrejos que salían al no haber ruido.

Mientras el sol bajaba su intensidad, recogíamos las cosas para volver a casa. Era muy cansado, pero una maravilla. Nos duchábamos, apenas comía algo me invadía el sueño. Recuerdo medio despertar en los brazos fuertes de mi padre, mientras me cargaba a la cama. Que bellos momentos…

Hasta que comenzaba el ardor de la espalda, de la exposición al sol, eso era terrible, solo lo calmaba el tomate en rodajas. También nos echábamos leche magnesia, la cual calmaba las quemaduras.

Esos fueron los mejores veranos que recordaré siempre, y es lo que tiene ser pata salada, desde que nacemos estamos en el mar.

Permítanme dedicar estas líneas a mis queridos y

recordados padres, Feliz Aniversario de Bodas queridos papás, 23 de enero.

VAMOS A POR MÁS!

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