Solo llegaba a ver su cola, lo vio a la entrada de casa, pero marchó a toda prisa.
Mientras abría las ventanas y cortinas para ventilar la casa, sintió que la seguía. Ella trató de no mostrar interés para que se acercara, pero en el segundo piso de vuestra casa no se quedó.
Estando en el patio lo vio de lejos y después se situó en el almacén.
Mamita, papito, han pasado siete meses desde que partieron y hoy Delia, la persona que los cuidaba, ha encontrado vuestro gato amarillo con naranja.
Delia no me conoce y no sabe que estás cosas me parten el alma, antes de decirle algo, ya tenía la foto del felino.
Lo vi desde pequeñín en casa. Papá trajo a su madre cuando era pequeña y ella llegó a tener crías, todo y ser un gato huraño iba y venia a casa.
Cuando hablábamos por videollamadas, te veía postrada en cama, por el ictus y la fractura de cadera. Cuando por fin el gatito estaba cerca tuyo movías los deditos para darle cariño a tu gatito. Era tan mágico el poder que tenía tu cariño por ese animalito, por el te veía mover la mano para alcanzarlo y el pequeñín se quedaba quieto recibiendo tu cariño.

A papá no le gustaba que este en tu cama, pero sabía que te gustaba y lo dejaba un rato para que lo engrías. Le compraba de comer lo que pedias, sus pescaditos hervidos, su carne, su pollo, etc.
Traté de no ver la foto, pero ahí estaba vuestro gato, callejero por naturaleza recién regresaba a vuestra casa y los buscaba. Su carita y postura era triste. Seguro que por días había recorrido la casa y no los encontraba, pero aún así no se iba. Es un gato huraño y no se deja coger.
Los animalitos sorprenden aún más que los humanos, los recuerda, los busca, los espera, los extraña…
Como explicarle a vuestro gatito que no volveréis más, como convencerlo de que marche por que en casa ya no los volverá a ver. Como… si a mí también me cuesta.
Tan lejos de vuestro hogar, sin poder estar, al menos como el gatito ronroneando y moviendo la cola, llamándolos y acompañando vuestras cenizas.
Sí, puedo llorar, cerrar mi mente, sentir el vacío y dar la espalda…
O puedo hacer lo que me enseñaron vosotros: levantarme, abrir los ojos, sonreír, amar y seguir. Cuesta, duele, hay días que no quisiera ni verme al espejo, por que ustedes están en cada uno de mis rasgos, pero sé que me prepararon para esto y más.
Agradezco a Dios porque puedo recordarlos y se me llena el alma de gozo, por que no nos dejamos nada, nada por darnos, ni decirnos.
Pasa el tiempo sin vosotros y no me importa lo lejos que estéis por que en mi corazón permanecerán siempre cerca, protegidos y envueltos de mi amor. Por que sois el viento que toca mi piel en la montaña para llenarme de fuerza, sois el ave que canta a mi alrededor, el sol que brilla y disfruto en mi atardecer. Porque en cada cosa que forma parte de mi vida, hay algo de vosotros y de vuestro gran amor infinito.
Los quiero mucho papás.

