EL PUPITRE COMPARTIDO

Foto de los profesores del colegio Inmaculada La Merced Prom. 84

Estudie secundaria en el Colegio Inmaculada de la Merced, en Chimbote – Perú. Hasta ahora me sorprende la gran cantidad de aulas que habían por cada año, yo siempre estuve en el aula D.


Nuestros salones, los últimos años quedaban aparte del edificio principal, aulas que se ubicaban terminando el patio principal.
La profesora de Orientación de Bienestar al Educando – OBE, los primeros días de cada año, nos asignaba los lugares donde sentarnos según nuestro comportamiento y nivel de interés por los estudios, durante ese año no podíamos cambiarnos de sitio sin su permiso.


Cursando el 4to. año, al llegar por la mañana encontré en el cajón del pupitre un papel doblado, no le di mayor importancia y puse mis cosas encima. A la hora del recreo, al guardar mis cosas recordé el papel, lo abrí, tenía escrito mi nombre, volteé a ver si había alguien mirando. Una de mis amigas se acercó y me preguntó que era:

No lo sé tiene mi nombre y unos corazoncitos.
¡Hay Dios, mi amiga leyó la carta, era una carta de amor!
Tenía mi nombre y apellido, era la primera carta de amor que recibía, ji, ji.
En ella, Jimmy el remitente, me explicaba que me había visto cuando llegaba temprano a clases. Según me explicaba, él se sentaba en mi mismo lugar por la tarde, estaba en 5to. año ¡Que nervios!

En la carta destacaba que le gustaba mucho, que no dejaba de pensar en mi y que si me parecía bien nos podíamos ver a la salida, mientras ellos entraban a las aulas. Ese día no pude ni disfrutar del recreo de los nervios que tenía.

¿Queríamos saber quien era, cómo era, si era guapo, agradable?, yo que sé, pero a la vez mis nervios me impedían proyectarme a establecer un diálogo.

Estando cerca la hora de salida yo temblaba, decidí que lo mejor era meterme en el baño y salir tarde para no cruzarme con el remitente de la carta.
Recuerdo claramente que las aulas tenían unos grandes ventanales, yo me sentaba al lado de la ventana.
Habíamos quedado con mi compañera para irnos al baño, ¡Gran plan!


Veinte minutos antes de terminar la clase ¿no sé porqué? miré hacia fuera del aula, cuando vi a dos alumnos, no eran de nuestro año, eran más grandes. De seguida uno de ellos le codeo al otro y este último me miró y esbozó una dulce sonrisa. ¡Oh tierra tragarme! Era seguro el chico de la carta de amor, giré la cabeza de seguida buscando la complicidad con mi amiga. Hay Dios estas cosas no eran para mí, no sabía como asimilarlo.
La clase terminó, yo no quería ni salir del salón y menos ver por la ventana.
Mi amiga se acercó y me dijo:

¡Están afuera!
Sí, ahora como desaparezco, pensaba. Ella quedó en acompañarme.
Mis compañeros del aula se habían pasado la voz y más de uno miraba.

¿Qué hacer? tenía que salir. Salimos con mi amiga, ellos se acercaron, nos presentamos, seguro que yo estaba morada por falta de aire de la vergüenza y los nervios.


Caminamos un poco para pasar mi aula, ya que algunos compañeros miraban y reían. Jimy me dijo que quería hablar conmigo, yo le dije que no podía que tenía que irme pronto, pero él muy educadamente me pidió unos segundos. Mi compañera y el amigo de Jimy se quedaron atrás. Jimy se puso frente a mi.
Recuerdo que él me miraba dulcemente, tranquilo, me hablaba con delicadeza y yo nerviosa solo pensaba en lo que dirían mis compañeros. Yo no tenía ninguna relación sentimental, lo que tenía era una vergüenza increíble, que me superaba.

Mónica espero que hayas recibido la carta.
Asentí con la cabeza.
-Te he visto varias veces, en el aula, en clases de educación física y en los desfiles, quería decirte…
Y yo no paraba de girar la cabeza a cada rato mirando mi salón. Ya no quedaba casi nadie, pero los 3 o 4 alumnos eran los indicados para que se entere todo el salón.

Mónica me gustas mucho, quieres ser mi enamorada?
¡Qué! Yo quería salir corriendo y creo que se me notaba.
Fue a acercarse más, quiso cogerme de la mano, pero yo di un paso atrás de seguida.
Era evidente que era de 5to. año, era más resuelto, se le veía más maduro para hablar. El chico era alto, más que yo, delgado, agradable, pero esa no era la dificultad, el problema era que me costaba relacionarme y peor de esa manera tan rápida.

No sé como se me ocurrió, pero le dije que tenía novio en mi barrio, que vivía en el Trapecio. Le di su carta y me despedí de seguida.
Mi amiga asombrada me siguió. Caminando muy rápido, le expliqué lo que había pasado y recuerdo que ella me dijo:

Es un chico de 5to. es guapo.
¡No!
En casa seguía con esa rara sensación que habían invadido mi espacio.

Al día siguiente, ya en mi pupitre, encontré otro papel doblado, temía abrirlo, ya le había dejado las cosas claras, que más me podía decir. Al abrir me encontré mi rostro dibujado, Jimmy dibujaba muy bien, al pie del dibujo había escrito «LOVE FOREVER», mi nombre y firmado con sus nombres y apellidos.
Me dio ternura por tan bonito detalle.

Ese día antes de terminar la clase, Jimmy nuevamente estaba fuera del aula y para que me percate de su presencia se puso a la altura de la puerta con su amigo.
Mis compañeros me miraban, murmuraban, alguno reía y alguien dijo en voz alta

Mónica te buscan, es tu enamorado.
La pasé mal, a esas edades somos algo crueles.

A la hora que salí Jimmy fue ha acercarse para saludarme, pero yo aceleré el paso y lo salude con la mano en alto sin darle opción a conversar.
El dibujo no me lo llevé, estuvo en mi pupitre tres días.
Jimmy, talló en el que fue nuestro pupitre compartido nuestros nombres: Mónica y Jimmy, dentro de un corazón.

Le seguí viendo, viendo como me buscaba con la mirada o que sus amigos le avisaban de mi presencia, los tres meses que faltaban para acabar el año educativo del 83. Algunas veces dejaba escrito partes de algún poema de amor, con el nombre de los dos y dibujos en los cuales volvía a escribir «Love Forever».
En esos años no entendí su perseverancia, su necesitad de verme, de hablarme, la verdad que en esos temas estaba más que perdida.

Dedicado a los amores incomprendidos.

Foto: Claustro de profesores del colegio Inmaculada La Merced · Chimbote – Perú

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