LAS CORAZAS DEL AMOR

Érase una vez, un ángel que quiso convertirse en ser humano, porque deseaba entender, como algunas personas podían dañar a otras.

Estando entre humanos, un día mientras regresaba a casa vio a un ser enorme, muy grande, envuelto en una gran capa, solo pudo ver por unos segundos sus ojos.

Desde esa vez, todos los días coincidían viendo las olas del mar pasar.

Aquel ángel convertido en ser humano, encontraba tranquilidad y alegría, sin darse cuenta, se fue enamorando.

Una tarde de primavera mientras veían el ocaso, y disfrutaban simplemente de saber que el uno y el otro estaban cerca, ella esperó para ver marchar a quien le atraía. De pronto sintió que él se giraba. Un fuerte viento lo acompañó, tanto que la hizo caer, pero pudo ver sus ojos, llenos de dolor y amargura.

La que fue ángel, se levantó, pero él caminó con premura para que no logre alcanzarlo, ella nuevamente cayó.

Durante meses y a más distancia compartían la misma vista, el vaivén de las olas los acompañaba, mientras el sol se iba ocultando.

Ella no se resignaba e intentó una vez más llegar a él. Avanzó a hurtadillas, intentando no hacer ruido. Estando cerca, pudo observar que la gran capa, tapaba una piel llena de espinas largas y punzantes.

Ella le habló, le dijo que quería conocerlo, porque solo su presencia le agradaba y sentía algo más.

Todo se hizo silencio, él se puso frente a ella, a una distancia prudente para no hacerle daño, hizo un gesto de ternura, pero le dijo que tenía que marcharse, que era imposible lo que le sugería.

Ella pensó, que no le gustaba, que no era capaz de sentir amor. Aun así replicó, y él le contó, que tiempo atrás también se había enamorado, pero le hicieron mucho daño.

Pasó el tiempo y el ángel que pidió ser humano, tenía claro que nuevamente intentaría hablarle.

Pasaron los días, pero no le encontró. A ella el tiempo se le hacía eterno y desesperada llegaba más temprano, para ver si encontraba a ese amor que la inspiró.

Ya por la tarde, después de una semana, estando ella viendo el atardecer, llegó él. Ella lo miró ilusionada, y gritó;

¡Estoy aquí!

Él estaba emocionado y camino rápido hacia ella. A lo lejos ella pudo ver en su mirada ternura, ella no se detuvo y se lanzó a sus brazos y él la abrazó.

La tarde se tornó oscura, el sol se ocultó, la arena de la playa se pintó de sangre y el cielo replicaba el color. El bello ángel convertido en persona, yacía destrozada.

Era la primera vez que estaba tan cerca a la persona por la cual sentía amor. Viéndolo de cerca se dio cuenta de que era un monstruo.

Él la levantó junto a su pecho, aún le hacía daño y le dijo:

¡Te pedí que te alejaras!

Ella le acaricio el rostro con dulzura y en sus ojos vio aquello que la enamoró; esa ternura, esa soledad, y ahora podía ver el amor que sentía por ella.

Él le dijo; a lo largo de mi vida el amor me había hecho mucho daño, tanto que me puse corazas, me coloque una a una las espinas y me deforme para que nadie se me acercara, para no amar, para no sufrir, ni hacer daño.

También le dijo; he intentado no venir, pero tu sola presencia me hace bien, no pude aguantar, me di cuenta de que me hacías falta, también siento algo por ti…

Ella suspiró.

A él le escuchó decir; aunque haya sido muy corto el tiempo, la felicidad que me ha proporcionado tu presencia, tu bello amor, es más grande que todo el daño que me hicieron.

Ella susurró; Amado mío, nadie que realmente ama quiere hacer daño. Viendo su dulce mirada, cerró por siempre sus ojos.

VAMOS A POR MÁS!

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