Ya a finales de noviembre en la tienda Autoservicio «Súper Sevillano» de don Ricardo Sevillano Valderrama «kayo», situada en el Jr. Ladislao Espinar cuadra 4, un comerciante muy conocido en Chimbote, colocaba los artículos de regalo para la Navidad.
Por compras para la juguería yo iba seguido y me paseaba para ver sus novedades. Yo tendría unos 12 años, las secciones estaban muy bien ordenadas por artículos, veía muñecas, pelotas, juegos de mesa y de pronto lo vi, vi mi regalo, perfecto aquello que pediría por Navidad.
Me llamó mucho la atención porque era un oso de casi 70 cm. Muy bien formado, articulado y con pelo por todo el cuerpo. Lo cargué y en eso uno de los vendedores se me acercó, ya me tenían muy vista por esa zona de juguetes, me dijo:
¿Está precioso no?
¿Te gusta?
Yo tímidamente le dije que era muy bonito.
Dejé al oso en la estantería y el vendedor lo cogió en brazos y al inclinarlo el oso hizo un gemido como de cría de oso, yo quede impresionada. Me puso el oso en brazos y me enseño que si lo giraba lento, tanto para ponerlo en brazos como para cargarlo en el hombro, como si fuera hacer un eructo, el oso hacía ese sonido especial.
Para mí era lo máximo de los juguetes que teníamos en los 80, ese era por supuesto el mejor que había visto. No lo quería soltar, pero el tiempo pasaba y tenía que regresar a la juguería con la compra.
Aquella noche pensaba en la manera de pedirles a mis padres que me regalen ese increíble oso. Claro el problema era que habíamos acordado ahorrar al máximo unos 2 años para sacar a flote el negocio, pero yo quería el oso.
Mis notas siempre eran medianas y bajas en matemáticas, aparte no tenía tanta propina como para comprar el oso porque era algo caro.
Los primeros días de diciembre cuando vi que mamá estaba tranquila y yo regresaba de comprar en la tienda de Don Sevillano, les comente emocionada que había visto un hermoso oso grande y que incluso hacía un ruido típico de los bebés osos.
Mónica a ducharte y luego a comer y a la cama, ordenó mi madre.
Tenía que tener prudencia y calma para conseguir tan bonito regalo, pero pasaban los días y cada vez nos acercábamos más a la noche buena y no veía resultados.
Era quincena de diciembre y yo cada vez que iba a la tienda me detenía a contemplar aquel precioso oso. Ya el vendedor no me decía nada y yo de la vergüenza esperaba no ver a nadie para poder tenerlo en brazos y escuchar su sonido, que en mi debilidad de compradora, ya me parecía que lloraba pidiendo que lo lleve.
Había tocado el tema del precioso oso muchas veces en casa, a la hora de la comida que hay veces estábamos todos. Mis padres de seguida nos recordaban el compromiso que habíamos hecho, y yo sufría.
Una tarde mi madre nos comentó que los regalos le parecían más caros que otros años, pero que al menos Don Sevillano había sabido escoger cosas novedosas.
Mientras lavaba los platos mi madre se me acercó y me dijo; creo haber visto ese oso del que tanto nos hablas ¿Por qué lo quieres tanto?
A mí solo se me salieron las lágrimas, no podía hablar, no podía decirle a mamá que me gustaba tanto, tanto como para romper un acuerdo que habíamos hecho en familia.
Ya en casa y en el colegio me conocían como la muñeca llorona, así que eso se quedó ahí.
A tres días de la Navidad como siempre fui a comprar a Don Sevillano, como siempre terminaba de comprar la lista que me encargaban y me dirigía al pasillo de la izquierda, a la estantería pegada a la pared, para ver al oso, pero ese día no estaba… busqué al costado, más adelante, en el otro pasillo y nada. Podría haberle preguntado al vendedor, pero para qué. Salí rápido de la tienda, no fui en dirección a la juguería, caminé dolida por el Jr. Enrique Palacios, la calle del Colegio Antonio Raimondi.
Recuerdo que era de noche y sentía como los ojos se me llenaban de lágrimas, me sentía impotente, yo quería ese oso, lo quería para mí…
Caminé y caminé hasta que ya no tuve más lágrimas que echar fuera. Caminaba por el Malecón y creo que la penumbra de la noche fue lo que me sacó de ese estado.
Giré de seguida en dirección a la juguería, me saqué las lágrimas por el camino, dejé las cosas que había comprado en la cocina y me metí a la ducha.
El día 24 de diciembre de 1981 fue la segunda Navidad que ahorrábamos. Como siempre cerramos tarde el negocio y nos fuimos a nuestra casa de la Urb. El Trapecio.
Ayudamos todos a preparar la mesa, cena
mos, recibimos a los amigos de nuestra edad que nos visitaban y a eso de las 1.45 am. Yo les deseaba buenas noches a papás.
Siempre tuve el sueño muy ligero, ya casi al alba sentí que alguien se movía en mi cuarto, que se dirigía a mi cama ¡De pronto escuche el sonido del oso! Me levanté de seguida sorprendida.
Era mi padre que al querer poner el oso que me lo habían comprado junto a mí, lo inclinó y el oso hizo el sonido con el cual yo sentía que me pedía llevarlo. Rompí de seguida el papel de regalo y abracé al oso como no tienen idea, no paraba de llorar y cuando pude levantar la vista, vi a mi padre que se le caía alguna lágrima que trató de ocultar. Le abracé como ahora siento que él me abraza, secó mis lágrimas y me digo:
Gracias por tu apoyo, lo estamos logrando.
Feliz Navidad para los que integran el grupo de Fotos Antiguas de Chimbote, Feliz Navidad para todos aquellos que nos falta alguien que amamos, Feliz Navidad para los enfermos y sus familias, Feliz Navidad para todos los hogares de mi querido Chimbote.

