Chimbote

Niño de pelo castaño, desalineado, hay veces pegoteado. Guapo, tendría 7 años, yo mayor que él por unos 4 años.

Cuando salíamos a jugar por el barrio, él siempre aparecía, a cualquier hora.

Su ropita desgastada, sin planchar, los pantalones con las rodilleras raspadas, siempre con ropa de verano y sandalias.En todas partes del cuerpo tenía cicatrices, marcas, raspones e incluso cortes, que ya ni recordaba la historia de cómo se las hizo o se las hicieron…Vivíamos en Chimbote, pero dos veces a la semana íbamos, sin papás, a limpiar la casa del Trapecio.

Él siempre aparecía sigilosamente, lo veías observándote por la ventana de la sala y se ponía ayudarnos a arreglar la casa, tirar la basura, etc. Era un vendaval, te hacía reír de la nada y siempre contaba algún chisme de alguien del barrio. Antes de regresar a Chimbote le dábamos alguna propina, él siempre se mostraba muy agradecido.

Un día llegó llorando cogiéndose el pantalón, le pregunté que le había pasado y me dijo: Mi hermano se enfadó mucho y me corto con la tijera.

¡Que dices!¡Sí mira! Se puso de espaldas y se bajó el pantalón. Tenía un buen trozo de papel higiénico ensangrentado puesto en la nalga. Se lo quitó sin más y pude ver un corte de unos tres centímetros de ancho y profundidad.

Le sangraba sin parar. Yo me asusté le puse un polo amarrado con tal que le presione y no salga más sangre. Tenía que avisar a sus padres por la gravedad, pero él me rogaba que no lo hiciera, todo y que le explicaba que su herida era grande y que no dejaría de sangrar.

Fuimos a su casa, él temblaba. La casa era rara, tenía una sábana en el hueco de la ventana que no estaba terminada. Toqué la puerta y de seguida salió una de las hermanas, tenía dos hermanas preciosas, casi de mi edad, pero que nunca las veía por el barrio jugando. Lo primero que dijo fue: ¡Papá te está buscando hace rato, te va a matar, donde andas!

Escuchamos: ¡Entra ya!Yo también tuve miedo, pero recordaba el corte y le dije: ¡Su hijo está sangrando mucho!

Salió un hombre enfadado, serio, cogió al niño por la parte detrás del cuello y lo giró en el aire, dándose cuenta de que tenía el pantalón manchado de sangre.¡Seguro que te lo has hecho jugando, es lo único que sabes hacer, maldita sea! Le dio un empujón para que entre a la casa, el niño tambaleó y no callo porque logró cogerse de la pared.Yo le dije: ¡Ha sido su hermano que le ha cortado con una tijera!

El hombre cogió nuevamente del cuello a su hijo y lo metió de un tirón en su coche. Mi amiguito tenía la cabeza baja y la mirada perdida, nunca lo había visto así. Yo me martirizaba pensando si había hecho bien o mal avisando a su padre, por eso le conté a papás lo sucedido.

Tres días después, limpiando la casa, sentí su mirada a través del cristal husmeando como de costumbre. El feliz como siempre, como si no hubiera pasado nada. Jugamos conversamos y limpiamos la casa.

Un año después regresamos a vivir al Trapecio. Nuestro amiguito era asiduo a casa, mis padres y yo felices. Papás siempre quisieron tener un hijo hombre, creo que por ese motivo y por su manera de ser, disfrutábamos mucho de su compañía. Él era muy agradecido para comer, atento para ayudarnos, cariñoso con papás, pero era muy chismoso. Me ponía triste cuando lo veía llegar con algún moretón o cortes, mis padres también sufrían.

Soñamos en voz alta pensando que podíamos ayudarnos, papá nos dijo que hablaría con los padres, de mi amigo. Todos estábamos muy ilusionados, el pequeño más que todos.

Llegado el día, papá regresó traspuesto, preocupado, nos dijo: No sé ni cómo sobreviven, el hogar tiene muchos problemas.No podemos ayudarlo porque sus padres no quieren, no lo permitirán. Lo último que recuerdo de sus palabras fue: Queda terminantemente prohibido acercarse o entrar a esa casa.

Fuimos al cuarto y nos abrazamos fuerte, muy fuerte con mi amiguito, lloramos, hasta que el mismo me dijo: Yo vendré siempre aunque tenga que escaparme. Los gritos de su hermano llamándolo rompieron la magia de ese momento.

Me gustaba su linda sonrisa, su desparpajo, su positivismo. Disfrutábamos haciendo teatro, elaborábamos trajes con toallas o sábanas, hacíamos funciones para papás.

Fuimos creciendo y él era muy hábil jugando vóley. Jugaba y todos nos quedábamos maravillados viéndolo. Creció delgado, se le marcaban los huesos, no me extrañaba con lo poco que podía comer. Alto, mucho más guapo que de pequeño y más delicado y amanerado que una mujer.

Yo viví su sexualidad de una manera natural.

Lamentablemente cuando sus padres o su hermano se enfadaban le gritaban mofándose de su condición sexual. Lo que sí teníamos claro es que no podías contarle algo o qué te viera metida en algo raro, porque de seguida se lo contaba a todos, incluidos tus padres ji ji.Ya de adolescentes y por terminar el colegio dejó de frecuentarnos.

Por el barrio se escuchaba que con los años, los problemas mentales afloraron en algunos de los miembros de su hogar, aparte de agravarse otros inconvenientes.

Pasaron los años y ya en Barcelona lamenté enterarme de que aquel amigo de la infancia, había emigrado para buscarse un futuro mejor, pero la muerte lo encontró y joven se lo llevó.

Dedicado a los muñecos que se rompieron y no se pudieron reparar. Todo mi cariño y respeto para los chicos de familias desestructuradas.

VAMOS A POR MÁS!

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