Escribí sus datos en Facebook, al cuarto perfil y después de 39 años, ahí estaba él…
Encontré el aula que me habían asignado, al entrar me topé con su mirada, traté de disimular de seguida.
Tenía mi pupitre casi adelante del salón y él al final. Siempre pensé que los chicos problemáticos se sentaban atrás para hacer sus trastadas, pero él no era de ese tipo de niños.
Me llamaba la atención su altura, no era usual encontrar chicos más altos que yo, de rasgos suaves y diferentes, agradable al trato, conversador y protector.
Nos fuimos conociendo mientras el tiempo pasaba, ignorantes del futuro que nos esperaba y aunque yo intentaba ponerme mil corazas para que no se me note, habían momentos que me encontraba a mi misma observándolo sin más. Me hubiera gustado mucho habitar en sus ojos por siempre.
Otros compañeros de clases jugaban o tonteaban conmigo, pero yo sentía que él de una u otra manera los apartaba de mi lado. Lo veía agestado cuando conversaba con algún compañero.
Echando la vista al pasado creo que me sentí atraída hacia él desde primer momento que lo vi y fue un sentimiento que me devoró a bocados, como un sediento que traga agua en pleno desierto.
Pensaba como decirle que no sentía mariposas en el estómago, sino que las tenía por todo el cuerpo y no paraban de aletear, que en casa él seguía en mi retina y en mi pensamiento.

Él me pasaba un bolígrafo, una hoja o cualquier cosa y me rozaba sin más la mano o el brazo. Cuando hacíamos grupos, estaba sentado siempre a mi lado, en el recreo se paraba a conversar un rato con nuestro grupo. Yo no estaba acostumbrada a abrazos, pero él me los robaba con sus bromas y alegría. Yo pensaba que aprovechaba algunos momentos, para tocarme el hombro o cogerme de la cintura y no voy a negar que era feliz con esos pequeños detalles.
Intentaba disimular o cortar esos acercamientos, pero era algo superior a mi, se fue convirtiendo en una necesidad.
Algunas veces me parecía que hablaba con algún compañero de mi, sentía sus miradas, con cualquier excusa yo giraba, sus ojos y su mirada me decían que estaba decidido a venir hacia mi y abrazarme, llegaba hasta mi como un vendaval, se frenaba en seco y disimulaba con alguna broma, pero nunca pasaba nada más.
Veía en sus ojos una necesidad de acercarse, pero también me parecía que pensaba, no, no quiero hacer daño, no quiero dañar esto…
Me invadían las dudas pensando, seguramente me estoy ilusionando, estoy viendo cosas donde no hay, interpreto a mi manera sus gestos. Yo misma me decía para, silencio. Solo me quedaba con mis sueños y pensamientos en los cuales a diario estaba entre sus brazos.
Sentía en él una sensación de protección brutal hacia mi, algo hermoso que me cuidaba y protegía de lo que me pudiera hacer daño.
Pasaron dos años, mis sentimientos hacia él ya estaban por las nubes, iba decidida a dejar que pase lo que tenía que pasar, dichoso amor platónico.
Después de las vacaciones de verano, llegado el primer día de clases, entré a nuestra aula, lo busque, pero ya no lo vi nunca más…
Todo lo que sentía no se lo conté nunca a nadie y ahora que me había decidido dejar que pase, él no estaba.
Quedarse sin aire o sentirse ahogar en el mar, es lo más cercano que podría describir lo que sentí, ese tiempo atrás.
Alguien nos dijo que se fue a otra ciudad a estudiar, yo no quería ni escuchar, solo.. solo desapareció y yo sin saber que hacer con todo lo que sentía por él.
Me asfixiada al recordarlo y en pensar, no volveré a verlo nunca más…
Creo que resistí por qué vivía en mis sueños.
Hola… no se si te acordarás de mi, soy Mónica Lora, de la promoción del 5to D, del colegio Inmaculada. Uff lo hice!!!
Él contesto amablemente, formalismos, estaba ocupado, pero me dijo, escríbeme.
Debido al Covid, se dijo que el mejor regalo que tendríamos era estar vivos para Navidad, ya estamos en el 2021, soy mayor de edad, estoy casada y a muchos, muchos kilómetros de distancia de Perú, mi país natal. Todo eso me repetía para poder restablecer comunicación.
Él contesto, pasado los formalismos, hablamos del virus, nuestras profesiones a fin, la época del colegio, el cambio de colegio y ciudad que él hizo, me explicaba que le costó mucho, algo que me dolió enterarme y de repente le dije, a mi también me costó mucho no volver a verte…
Me agradeció el comentario, pero yo puesta en la labor, le dije claramente,
Me gustabas mucho…
Me pareció una eternidad hasta que contesto.
Me siento halagado…
Respire muy hondo y trate de despedirme explicándole que no era mi intención molestar, que yo también tenía mi vida. Pero por dentro languidecía recordando sus ojos, aquellos que me decían más cosas que su sepulcral silencio.
Pensé es normal malinterprete sus gestos, me confundieron sus acciones.
Por un instante pensé tierra tragarme!! pero seguí, me atreví a decirle lo que yo creí ver en sus ojos.
Y tengo que decir que: no estaba loca!!! Valió la pena!!!
Él me dijo, después de algunos rodeos,
Ojalá hubiera sido menos tímido…
Porqué crees que te recuerdo con todo detalle???
A mi también me gustabas…
Oh que precioso sentimiento, que bonita sensación… que se detenga el tiempo.
Me vi en ese momento en el colegio, con él uniforme, a su lado, él y yo diciéndonos lo que sentíamos él uno por él otro.
Por lo cual, no me cansaré nunca de decir, que a pesar de todo, «La vida es maravillosa»

