CUIDEMOS NUESTRO MAR, NUESTRA BAHÍA DE FERROL, NUESTRO QUERIDO CHIMBOTE

Chimbote

Por las noches sentía su sonido, fuerte, profundo y constante. No niego haber tenido miedo de pequeña, me parecía que en algún momento rompería la casa a pedazos y entraría con toda su fuerza, pero el cansancio me vencía y el sonido se transformaba en un arrullo para mi.

Siempre he vivido muy cerca del mar, su olor característico impregnaba las casas de la ciudad y su brisa en verano nos refrescaba, dándonos tregua para soportar las tardes y la noches de calor.

Chimbote
Cuidemos nuestro querido Chimbote.

El mar también nos proporcionaba alimento, delicias que se preparaban en casa con mucho amor y respeto al producto.

Fui creciendo y en la adolescencia descubrí su parte más romántica, sentarse a contemplar los atardeceres en el muelle, pensando en el amor y el desamor. Nunca he visto un espectáculo más hermoso que el atardecer. Sus colores, los matices, que cambian segundo a segundo mientras el sol se oculta. Siempre agradecida de observar este hermoso regalo de la vida.

Los paseos por el malecón eran uno de los mejores momentos vividos y más aún cuando estaba acompañada de mi pareja.

Mil besos frente al mar, con nuestros latidos de amor acompasados con el sonido de las olas.

Pasan los años, como pasan las olas del mar sin dar tregua. Tengo mi hogar en mi querido Chimbote. Mi hijo menor Fabrizio, ha terminado sus vacaciones y tal y como hacían mis padres lo llevo a pasear por el Malecón. Como la mala marea, vamos siempre con prisas, pero de hoy no pasaba. Conversamos amenamente por el camino, pero cuando divisé el malecón, sentí que me embargaba la vergüenza humana y el enfado al ver el cruel paso de ciudadanos poco cívicos.

El malecón tantos años acompañándome y viéndome crecer y hoy lo veo triste, opaco, desolado, con desperdicios de basura entre la orilla y el mar.

  • Fabrizio!! ten cuidado.
  • Mamá hay basura.
  • Hay restos de vidrios, plásticos, etc.

Tenemos tan cerca el mar y no podemos ni disfrutar de el.

Mis recuerdos tienen un sabor a sal, un mar precioso en el cual se reflejaba el sol y la luna, con un largo Malecón por el cual se podía pasear.

Mi hijo Fabrizio como muchos niños y jóvenes se merecen tener bonitos recuerdos o incluso mejores a los nuestros, sus mayores.

Chimbote es nuestra ciudad no podemos ser crueles con ella, apelo al civismo para cuidarla, mantenerla y protegerla. Nuestro mar no puede ser el desagüe o vertedero de basura particular, de residuos de embarcaciones, ni residuos de fabricas. Tenemos que ser consientes de la afectación ambiental.

Los Chimbotamos somos Patas Saladas estamos curtidos por la sal y la brisa de nuestro mar, somos fuertes y tenemos que trabajar unidos para conservar los espacios naturales, nuestro precioso Malecón y nuestra preciosa Bahía de Ferrol.

Agradezco el civismo y la colaboración de Rosa y de Fabrizio.

VAMOS A POR MÁS!

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