Estaba en una fila de alumnas, en el colegio Cervelló, tendría unos 7 años. Recuerdo que nos pedían el nombre de nuestro padre. La cola iba avanzando rápido y yo dudaba entre, Lalo o Rogelio.
En ese momento, a quien le preguntaba yo, como se llamaba mi padre???
Me tocó el turno y dije, Lalo. Al llegar a casa no comenté nada.
En casa, siempre estaba mi madre Esperanza, mi hermana mayor y María, quien nos cuidaba.
Creo que pasaban, entre unos tres a seis meses, que no veía, a un hombre grande, muy grande, que mi hermana le decía papá, y corría a sus brazos, y que mamá, lo abrazaba con mucho cariño. De repente aparecía con un saco grande, con fuerte olor, lleno de pescados y algún que otro marisco.
Cuando el aparecía, era un día muy feliz, pero yo tímidamente me iba acercando, a mi… padre…??? Él era muy juguetón, me cargaba con una sola mano, al poco tiempo, yo ya no tenía miedo.
Pero luego, ya no lo veía nuevamente. Como querían que recuerde su nombre?? mi hermana le decía papá, y mi madre, le decía amor, o Ricardo, pero yo no consegía acordarme.
Mi madre era profesora. Algunas veces nos llevaba al colegio con ella, pero teníamos que estar muy, muy calladitas, hasta que terminara la clase. Luego se acercaban las alumnas a jugar con nosotros. Yo la pasaba mal, y me escondía en las piernas de mamá.
Recuerdo también, que la mayor parte de las veces nos quedábamos en casa con María.
Desde pequeña, escuché a mis padres hablar de la escasa economía familiar. Los 70, fueron años de crisis, en la pesca en Chimbote. Mi padre pertenecía al Sindicato, y veía que las cosas no serían lo mismo, es más iba a peor. Las familias de pescadores, la pasamos muy mal.
Mi padre, al tener la hipoteca de la casa y dos hijas, tuvo que renunciar.
En esa etapa, papá pasaba muchas horas con nosotros en casa, María ya no trabajaba para nosotros.
Fué en esos tiempos, en los que yo aprendí como se llamaba mi padre, Ricardo Lora Wekselman.

