LA VIDA QUE DAN LAS FLORES

Distinguidas, delicadas, suaves, de bellos colores, pero de vida efímera.


Las flores siempre han llamado mi atención, me parece un detalle precioso que la naturaleza nos regala para alegrar nuestras vidas.


Las utilizamos para conmemorar un nacimiento, cumpleaños, bodas, aniversarios, etc. Realmente nos acompañan hasta la muerte.


En el Mercado Modelo, por el Jr. Leoncio Prado y la Av. Gálvez, dentro del mercado, hay unos seis puestos de flores.


De pequeña, para ir a casa, siempre era parte de mi ruta pasar por ese lugar para ver las flores. Y pensaba lo maravilloso que tenía que ser trabajar entre ellas.


Estando en Chimbote estos días, recorrí los mismos sitios, encontrando en uno de los puestos una imagen conmovedora. Entre una gran variedad de flores, pude observar a un hombre mayor, no le podía ver la cara porque estaba ensimismado en su trabajo.

Solo distinguía una persona mayor con un gorro, inclinado hacia delante, cogiendo una por una la flor, uniéndola con una cuerda a una varilla pequeña de caña. Terminaba una y comenzaba la otra, las cuales formarían parte de una corona floral.


Aquel hombre tenía las manos marcadas por los años de trabajo, agrietadas, las movía con cierto letargo, pero ahí estaba firme con la delicadeza requerida para no maltratar su producto, en este caso las margaritas.

No hablaba con nadie y únicamente atendió a mi llamado por insistencia, para poder tomarle una foto.


El Sr. Lorenzo Villarroel Ramírez, dueño de la floristería del puesto 149, del Mercado Modelo, vivió en Lima, conoció este precioso oficio de la floristería a manos de unos Japoneses, para los cuales trabajo desde los 17 años, en los alrededores del estadio Nacional.


A los 20 años, viendo pocas posibilidades en Lima, se trasladó a Santa, donde adquirió tierras para sembrar y cosechar sus propias flores.
El Sr. Villarroel tuvo seis hijos, uno de los cuales falleció.


En Chimbote, buscándose la vida, comenzó vendiendo desayunos de manera ambulatoria y poco a poco consiguió adquirir tres locales en el Mercado Modelo, los tres dedicados a la venta de flores, uno de los cuales le cedió a su madre.


Las labores en la floristería comienzan a las 7 de la mañana. El local lo abren a las ocho de la mañana y están hasta que cierra el mercado.


El negocio de las flores ha cambiado mucho en Chimbote, anteriormente se importaban las flores, sobre todo las rosas, de Colombia, Chile y Ecuador. Hoy en día las rosas las traen de la Sierra de Ancash, de Caraz, siendo una de las mejores la que denominan rosa Moncashina.


El segundo local, le cedió a sus hermanos y el que se quedó el Sr. Villarroel hoy en día, lo han dividido entre tres hermanos, que atienden a cada lado del puesto, de manera independiente.


En este caso me entrevisté con Moisés Villarroel, uno de los hijos del florista, tanto él como sus hermanos aprendieron el negocio de manos de su padre.

Moisés en pocos minutos, y con mucha delicadeza y traza, tenía listo dos centros de mesa que solicité, mientras íbamos conversando de la historia de su padre y del negocio familiar.


Lamentablemente, Moisés, me comentó que su padre había perdido la memoria, pero a pesar de eso, recuerda muy bien su oficio.


También destaca: «Mi padre se sigue despertando muy temprano para venir al puesto, no quiere dejar de trabajar y ayuda en todo lo que puede, hasta tarde».


Realmente admirable poder ver al Sr. Villarroel de 87 años en su puesto de toda la vida ayudando a sacar los pedidos.


Los pocos minutos que pude sacarlo de su mundo, vi en su rostro una bella y tranquila sonrisa, aquella que tiene un hombre que dedica su vida a las flores.


«La tierra sonríe mediante las flores».
Dedicada a la familia Villarroel, y a todos los floristas de nuestro querido Chimbote.

VAMOS A POR MÁS!

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