Uno de tantos días,
el patrón de barco
Chiroka
partió a cabalgar
en su navío
llevando en las entrañas
a un ilustre acompañante.
Aquel caballero,
buscaba inhalar
historias que pudiera
plasmar con su arte.
La vida del patrón
y sus tripulantes,
eran en aquel momento
la musa que lo encandilaba.
Tres veces
los latidos de sus corazones
fueron música
entre las olas.
Y entre nota y nota musical
la inspiración disfrutaba
del hermoso baile
entre el escritor y el patrón.
Aquel patrón
surco el mar,
llevando consigo
a un domador de letras,
que describiría
la realidad
de ese mundo
que tanto le inquietaba.
Una realidad ambivalente;
de riqueza y podredumbre,
de logros y desdichas,
de bohemia y amaneceres de
de trabajo,
de entrega y abandono,
de gritos de alegría
y llanto,
Aquel hombre,
enlazaba las palabras
vislumbrando grandes historias.
Dichoso nuestro
primer puerto pesquero,
nuestro querido Chimbote,
testigo silencioso
del viaje y unión
de dos grandes vidas;
el ilustre escritor
José María Arguedas
y el gran patrón de barco
Manuel Guerrero Bazalar.
En su lejanía,
el Amauta le escribió
a Chiroka, requiriendo
poder disfrutar
nuevamente
del encanto de su musa.
Más lo que vio
el escritor en su vida,
había destrozado su alma
y encendido la mecha
inagotable del dolor,
acrecentando
sus ganas locas
de marchar
sin rumbo,
sin tierra, ni mar.
Ahora están juntos
Arguedas y Chiroka,
en el ancho mar
de nuestros recuerdos.
Chimbote por siempre
los aprecia;
José María Arguedas
y Manuel Guerrero Bazalar.

