El que es hijo de Chimbote,
sabe que el mar,
siempre le reclamará.
Es un frío invierno,
y el mar sigue
siendo encantador.
En mis días tristes o difíciles
el mar ejerce en mí
su poder sanador.
Su voz es más ronca,
y grave en invierno.
Me llama con más fuerza,
pero no me espanta,
me da seguridad.
El mar ejerce
su encantador hechizo,
y voy a su encuentro,
caigo atrapada en su red.
Su vaivén me relaja,
atrae paz a mi alma,
vuelvo a ser grande.
Cerca de la bahía,
siento que el mar
me acaricia
con sus pequeñas
gotas de agua,
que el aire atrae hacia mí.
El mar me ha arrullado
como a un niño,
y vuelvo fuerte y tranquila.
Todo y que es invierno,
el mar no es lugar
de malos momentos.
Encantada por el momento,
me es difícil regresar
al mundo material.
Si algún día marcho
estando mal,
búscame en el malecón,
estaré viendo
el atardecer
para acabar bien mi día.

