Visité Llapo en noviembre del 2021, la casa de mi abuela y mi bisabuela materna, que están las dos juntas, unidas por el patio principal.

Luego de ver las habitaciones me dirigí a la cocina, estaba cambiada a como la recordaba hasta cumplir los 16 años que visité el pueblo con mis padres por última vez.

Pregunté al que cuidaba la casa y me dijo que cambió la orientación de la cocina de leña para que el humo no tiña las paredes externas de la vivienda.

Se veía todo tan frío, vacío y solitario, muy diferente a cuando íbamos con papás, que teníamos que tener cuidado donde pisar porque mamá siempre encargaba que le críen cuyes en noviembre para las fiestas del pueblo.

También tenía la típica cuerda de donde colgaban las lonchas de carne seca, el charqui que le llaman en las alturas.

Sus hierbas frescas y otras secas para cocinar, su pequeño espacio de lacena, con algunas harinas y latas, las ollas de fierro y por supuesto las de barro, y los cubiertos, los potos para tomar la sopa, o para calentarlo y quitar el dolor de estómago, y la leña.

Ya no quedaba nada de eso, solo estaba la vieja puerta que daba acceso a la cocina.

Al salir, recién me fijé en la base del Batan, siempre recordé que era grande porque a diferencia de otras personas mi abuela y bisabuela eran altas.

Salí al patio de la casa y encontré tres Batan de diferentes tamaños pequeños, parecían más modernos, pero ninguno era como el que vi usar a mamá cuando cocinaba en la Sierra.

No pregunté nada más de las casas porque me di cuenta de que no las cuidaba bien.

Entrando a las habitaciones del patio, no se veía nada y para que entrara la luz tuve que abrir las ventanas y le pedí dejar la puerta abierta al que hasta ese momento era encargado. Él le puso una piedra larga que estaba al costado para detener la puerta.

Acto seguido regresé a la puerta, me incliné a ver y tocar la piedra… le dije al cuidador que me esperara fuera de las casas.

La piedra pesaba ¿Cómo no? Así la recordaba, larga y grande, lisa, de un costado más ovalada que del otro… era la piedra del Batan de mi bisabuela.

Nadie sabe el valor que para cada persona tienen las cosas de su hogar.

Las lágrimas corrieron por mi rostro al ver abandonadas lo que en un tiempo fueron las cosas de mi familia, y que siempre mis padres cuidaron.

Un Batan es parte de nuestra historia familiar, es parte de nuestra cultura mestiza que yo conocí en la Costa donde nací en mi querido Chimbote.

Se trata de una piedra lisa de río, por lo general redonda u ovalada para moler alimentos, que en Perú se utiliza desde tiempos prehispánicos.

El Batan consta de una piedra plana mayor, en la cual encaja la piedra lisa. Se sostiene con las dos manos y se mueve y mece sobre las hierbas, alimentos, etc. que se necesite moler.

Esta herramienta y su técnica para cocinar no produce oxidación, obteniendo el sabor natural y exquisito de cada producto al moler.

Para las personas de la Sierra es algo muy usado y cuando las madres o abuelas dejan de cocinar por sus años, entregan el Batan a la hija mayor o a la hija que se queda a su cuidado, como símbolo de transmisión de su legado, su sazón y de su amor.

Ese es el verdadero poder de la herencia del Batan a nuestras tradiciones culinarias, por eso mi tristeza al ver las dos piedras del Batan en casa de mi familia, separadas.

Puse las dos piezas juntas y pedí que nadie las mueva.

Pensé en el futuro del Batan, pero no tenía donde dejarlo en Chimbote, y tampoco lo podía traer a España por su peso.

Al año siguiente que regresé a Llapo para las fiestas de noviembre del 2022, las casas ya las había vendido. El comprador que era un vecino de otro pueblo, casado con una Llapina ofrendaron un becerro al Patrón San Marcos y a la Virgen de Copacabana, siendo invitados todos los vecinos de Llapo.

Yo les ofrendé el Batan que había estado en mi familia por más de 250 años.

Cuesta desprenderse de las cosas porque implican recuerdos muy especiales, pero sé que el Batan de mi familia estará siempre en su casa y cada vez que vuelva a Llapo podre gozar de verlo y utilizarlo.

VAMOS A POR MÁS!

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