La primera vez que entre al Colegio Inmaculada de la Merced, fue para comenzar los estudios de secundaria. El colegio me pareció enorme; el patio, la dirección, el edificio principal, los baños, etc.
Imagínense que por año de estudios teníamos aproximadamente 10 aulas, de 50 niños cada una, es uno de los colegios nacionales más grandes de Chimbote.
Los primeros tres años, estudiamos en el edificio principal. Después nos pasaron a unas aulas prefabricadas, a las cuales llamábamos el pueblo joven o el rancho. Dichas aulas estaban ubicadas justo al frente de la dirección, pasando el gran patio.
Las condiciones no eran las mismas y para ir a los baños teníamos que ir al edificio.
En enero de este año 2023, después de 38 años nos reuníamos un pequeño grupo de la promoción 84, con la ilusión de visitar el colegio, al informarnos que el edificio principal sería derrumbado.
Aprovecho para agradecer a nuestra compañera Míriam Ángeles que realizó las gestiones oportunas.
Les comento como fue la visita: para llegar al colegio la zona ya está asfaltada. La entrada ya no tenía el clásico portón pequeño en el cual nos esperaba la recordada «Pacocha», ahora cuenta con un portón importante de fierro donde está impresa la orgullosa insignia.
Al entrar estábamos emocionados de volver a nuestra Alma Mater. Durante el recorrido recordábamos y en algunos casos hasta escenificábamos anécdotas o vivencias. Comentábamos sobre la vida actual de algún profesor, monja o compañero de promoción.
La parte de la dirección,(el frontis) como el edificio principal, siguen igual. Lo que si, habían construido baños y lava manos a la entrada del colegio.
Actualmente, las aulas que llamábamos Pueblo joven, está algo mejor, con más salones.
Fue satisfactorio ver la zona de deportes, casi nueva, con estrados y buena pista para correr.
Recuerdo que mi mejor amiga Dina Montañez, quien estaba presente en la visita y yo, nos batíamos en duelo corriendo para representar al aula o al colegio, y en enero 2023, entre risas volvimos a correr como adolescentes, recordando esas preciosas vivencias, donde a decir la verdad, Dina me ganaba casi siempre.
Pudimos pasear por la parte de atrás de la dirección donde algunos llevamos cocina, dibujo técnico, entre otros.
No pudimos dejar de visitar la dirección y rememorar los momentos de espera cuando nos citaban.
También hicimos la fila en el gran patio principal, donde uno se siente pequeñito. Y visitamos la gruta de la Virgen de las Mercedes, nuestra patrona a la que siempre rezábamos.
También visitamos el edificio principal, previa autorización del encargado, quien nos confirmó que ya no está en uso.
Subimos por la parte final del edificio, las puertas de las aulas, por seguridad, estaban cerradas con candados, e hicimos la fila a la entrada del salón, como años atrás para dar exámenes. El profesor(a) nos indicaba donde sentarnos, uno a uno, según decían para evitar copiarnos.
Me voy a detener en el Edificio Principal, que defino con tristeza como «el Elefante Blanco», lo encontramos deteriorado, con grietas importantes, barandas poco seguras, zonas sin pintura con humedades, resumiendo: ¡abandonado!
Este problema fue detectado en el 2007, por Defensa Civil que declaró los 5 pabellones del edificio principal inhabitables, indicando que pone en riesgo la integridad de los estudiantes, profesores y todo el personal del centro educativo.
A lo largo de los años se han venido desarrollando reuniones y reclamos por parte de los padres de familia, exalumnos y comunidad, pero esto se ha alargado demasiado.
La ejecución de esta obra está a cargo del Gobierno Regional.
Y lo último que se sabe, a setiembre del 2022 es que estaban en proceso de licitación para la ejecución de la reconstrucción total del plantel, valorada en aproximadamente en 79 millones de soles.
«La educación es tarea de todos» y en este caso hemos fallado muchos, por lo que pido que las autoridades pertinentes tomen cartas en el asunto y procedan a reconstruir el emblemático Colegio Inmaculada de la Merced, para bien de nuestra sociedad.

