Trabajando me pierdo en mis pensamientos y en ellos siempre estas tú.
Siento el roce de tus manos en mis hombros, me haces girar, ahora estamos frente a frente, entiendes tu mano derecha y siento claramente como tocas mi rostro.
Te acercas y me das un beso en la frente, tus manos rodean mi rostro y tus dedos se detienen en mis labios, me tocas con suavidad. Mi corazón late muy fuerte.
Dejas que tus brazos acaricien dulcemente mi cuerpo, encuentras mis manos y las vas encajando con las tuyas estrechándolas poco a poco.

Te acercas más y más, estamos muy juntos respirando el mismo aire.
Siento que buscas mis labios y tú respiración es como una brisa que galopa en el vaivén de mis latidos, siento que tú respiración y mis latidos van al unísono.
Nuestros labios se han rozado y está vez no… no quiero pensar, solo me quiero dejar llevar. También te siento decidido.
Tus labios se dejan sentir cálidos, suaves cuando rozan mi piel.
Un beso lento y delicado nos une, yo apenas me muevo, temo romper la magia del momento…
Te separas y me miras tiernamente, pero de seguida me besas nuevamente, esta vez te siento más intenso con más premura, ansioso.
Me besas como si ya no tuviéramos tiempo para más, yo me entrego al beso. Tu cuerpo y tus labios parecían influenciados por la luna llena que alumbra nuestra noche.
Por fin los dos besándonos hambrientos de vivir lo que sentimos. Me encantan tus labios, me encantan tus besos, la forma dulce y a la vez sedienta como me besas.
Algo me turba, algo llama mi atención, trato de centrar mi vista y ver qué es…???
– No…
Es la pantalla del ordenador, reclamándome terminar mi trabajo.
Suelto un suspiro, me sirvo otra taza de café, aún me quedan horas de trabajo…

