Casi todos hemos tenido caídas emocionales, pero no nos gusta mostrarnos tristes, ni soportar la sensación de estar rotos por dentro.
Nos han enseñado a escapar de todo esto, incluso hemos aprendido a evitarlo. Es por eso que solemos creer que si por casualidades de la vida tropezamos, caeremos, tocaremos fondo y habremos fracasado.
Sin embargo, también podemos pensar que el caer en algunos casos es necesario y de todas las caídas podemos aprender. Lo peor es pensar que las emociones negativas solo están para machacarnos, para complicarnos la existencia.
Al igual que las emociones positivas tienen una función, las caídas sirven para aprender a adaptarnos.

Nuestras emociones responden a las diferentes experiencias que vivimos, ya sea del presente o de nuestro pasado.
Lo que es evidente es que nadie puede vivir en una felicidad eterna y absoluta. Lo que sentimos se complementa y nos ayuda, aunque a veces pensemos que no es así.
El caer no significa que estamos acabados. Sí es cierto que nos hemos hundido tanto que ya no podemos bajar más. Pero si hacemos el ejercicio de pensar en el lado bueno y/o positivo, ahora no nos queda otra opción que levantarnos.
Sé que ahora te costará creerlo, pero sabes que tarde o temprano es lo que harás. Porque cuando permanecemos en lo profundo del pozo, ya no hay más, el siguiente paso es volver a empezar.
Al levantarnos dejaremos atrás todo eso que ha hecho que nos encontremos en la situación actual. El tiempo que hemos invertido en sentirnos tristes, en lamentarnos, en aguantar el dolor, nos ha ayudado hemos podido recargar fuerzas. Esas que nos están ahora permitiendo replantearnos levantarnos de una vez, porque ya no hay manera de caer más hondo.
Cuando nos levantamos, tenemos que dejar nuestro pasado atrás, comenzamos un nuevo recorrido, seguros de nosotros mismos por todo lo que hemos aprendido y posiblemente, con uno o varios grandes amigos a nuestro lado.
Todos necesitamos ayuda en ciertas situaciones, ya sea de familiares, amigos o de profesionales especializados, pero muchos no pedimos ayuda, nuestro orgullo provoca que intentemos solucionar lo que nos ocurre nosotros solos. No nos damos cuenta de que esto, en más de una ocasión, no funciona. No es que no seamos tan fuertes como creemos, es que no lo sabemos todo y una mano amiga o profesional, puede permitirnos orientar nuestras decisiones de la mejor manera. Incluso cambiar la forma de ver las cosas, cuando es poco correcta, para hacer frente a las circunstancias.
Si estas en lo más hondo, confía en lo que te he explicado, lamentablemente yo lo he vivido en varias ocasiones, no te cierres, no dejes que el pesimismo te invada, la única opción es levantarte, si es con ayuda mejor. Quédate con las cosas buenas de la caída y a seguir adelante. SE PUEDE!!!

