Al frente de la funeraria, mi padre también cuidaba de la cochera grande de un amigo. Teníamos dos o tres plazas libres, donde muchas veces pintaban los ataúdes.
La entrada de la funeraria quedaba en plena esquina, había a que bajar tres escalones para entrar.
Yo tendría de 7 para 8 años. Estábamos por comer, mamá recogía el escritorio de la funeraria, mientras nosotras poníamos la mesa.
Solo escuche un grito que me asustó, salimos hacia la funeraria. Los papeles de mi madre, estaban por el suelo tirados, y ella iba hacia un hombre que intentaba cargar el compresor de pistola, que utilizábamos para pintar los ataúdes.
En casa siempre se sabía lo que costaban las cosas. Mamá cogió el compresor de un lado, él ladrón del otro. Nosotras intentábamos cerrar la puerta… cuando vi entrar a papá, él bajó de un solo salto la escaleras, y de un patadón tiró al hombre al suelo.
El ladrón, se levantó como pudo del suelo, y las tres mujeres de casa, nos pusimos como tapando la entrada.
Mi padre volvió a lanzarlo al suelo. Yo nunca había visto un ladrón, me dio rabia y miedo, cuando vi que se quería llevar, algo de tanto valor, de nuestro negocio.
Mi padre era corpulento, él siempre fue muy atleta y era de porte más bien alto, que mediano.
El ladrón, era de talla mediano y delgado. El hombre ya no intentaba coger la compresora, lo que hacía era protegerse, pero, no le llegaba a dar, ni un solo golpe a mi padre.
Nunca había visto pelear a mi padre, tenía una posición mezclada entre lucha libre y box; golpes patadas, puñetazos, cabezazos, parecía que le pegaba a un muñeco.
Nosotras solo gritábamos.
De repente esa persona, ese ladrón que nos iba a quitar algo tan importante, ese a quien había repudiado por unos minutos, me dio pena, a las tres nos dio lástima; papá no. Ricardo para, por favor papá, llorábamos y gritábamos, las tres…
Mi padre paro, volteo a vernos con la cara agestada, se encontró con nosotras aterradas. Sentí miedo ver a mi padre enfadado. Pensé que nos gritaría, algo que no solía hacer.
Fue la única vez en mi vida que vi a mi padre peleando, como un salvaje y en su mirada, la ira descontrolada.
El solo volteo, cogió al ladrón por la espalda y lo tiro fuera a la calle, gritándole, «esta vez te han salvado, la próxima te iras en un cajón».
Desde ese día nuestro padre siempre nos recordó, que defendimos un ladrón.

