Nadie había vivido un terremoto y por más que lo hubiera leído no plasmaba ni por asomo la cruel realidad.
En ese entonces yo tenía dos años, mis padres ya se habían instalado en Chimbote, ellos me contaron lo que vivieron.
Domingo 31 de Mayo de 1970, 3.23pm. hora en que la mayoría esta en casa terminando de cocinar, está comiendo o en todo caso haciendo la sobremesa, como en nuestro hogar. Ese día teníamos la visita de mi madrina de bautizo.
Mis padres nos contaron que se escuchó un estruendo ensordecedor, el cual comenzó de la nada, se sintió a lo lejos pero de seguida el sonido lo tenían dentro de casa acompañado de movimientos de tierra. En la sala de casa, papá cogió a mi hermana y grito fuera, fuera, mi madre que me tenía en brazos corrido fuera de casa, seguida de mi madrina.
Fuera se encontraron con los demás vecinos, se escuchaban gritos y sollozos y voz en cuello a más de uno gritando terremoto, terremoto!!!. Todos se situaron al centro del descampado entre las manzanas de la urbanización, para evitar les cayera algo.
No recuerdan cuanto duró el sismo, pero sí que les pareció una eternidad.
La urbanización el Trapecio se construyó en los años 1960, como parte del Plan Nacional de Vivienda de Chimbote. Mis padres, como muchas familias se hipotecaron, adquiriendo su casa 1969 aproximadamente.
En la urbanización se cayeron paredes, se agrietaron las casas, el piso y en ciertas partes de la urbanización se abrió la tierra.
Algunos que tenían radios lograron escuchar que Chimbote estaba devastada por el terremoto.
Mi madrina estaba aterrorizada. Ella era soltera no tenía hijos, pero estaba muy nerviosa no solo por lo vivido, sino también por lo que se escuchaba del Centro de Chimbote.
En el caso del terremoto de 1970, por días tuvo replicas y eso hacía incrementar la inseguridad de las personas.
Nada les podía asegurar que no volviera a replicar la tierra a 7.9 en potencia de Magnitud de Momento (Mw).
Los mayores se organizaron y decidieron dormir en los descampados, entre las manzanas de las casas. Sacaban con cuidado y mucho temor colchones y mantas para abrigo y ropa de muda.
Mi madrina se quedó con nosotros esa noche.
Papá nos explicaba que todos estaban nerviosos y temerosos, especulaban y hablaban de sus miedos, lo que más temían era un Tsunami, por lo que se turnaban para ir ver el mar por si se retiraba, ya que decían que antes de un Tsunami, el mar se retira.
La otra gran preocupación era la planta de Petroperú, donde se almacenaban litros y litros de combustible. La planta estaba ubicada a una manzana de la casa de mis padres, en la segunda etapa. Se temía por que reventaran los depósitos o tuvieran algún escape, provocando mayores desgracias.
Al día siguiente como damnificados se les entregó carpas que proporcionó el Censo o Registro Inmediato de familias.
Por manzanas se crearon jefes de cuadras, para poder organizar la entrega de carpas y de víveres que hacía llegar la Municipalidad.
Los servicios básicos como agua o luz quedaron inoperativos por semanas.
Algún que otro vecino llegó del centro de Chimbote caminando, contaban que todo estaba destruido, que habían muchos muertos y heridos. Mi padre decidió acompañar a mi madrina a Chimbote, fueron caminando. Ella vivía en la calle del cine Chavin, en la Av. José Pardo, en el centro. Su vivienda era de madera, la cual había sufrido muchos daños. Mi madrina se quedó con sus vecinos, los cuales estaban en su misma condición, también le informaron de los fallecidos.
Al regresar a casa, mi padre nos contaba, que todo se veía destrozado, que parecía que habían lanzado bombas en Chimbote. Era una tremenda desgracia, muy triste. Los pobladores estaban en las calles y habían muchos fallecidos y heridos.
La noticia del terremoto en Ancash se informó a nivel mundial y países cercanos como Chile colaboraron enviando víveres, los cuales se repartían y preparaban en ollas comunes para todos.
A la semana, las replicas ya no se daban y comenzaron a ocupar sus viviendas.
La luz fue restituida pero el agua demoró mucho más.
Mi padre nos contó que cabo un pozo en el patio interior de casa, un pozo ancho y que utilizó aros grandes de cemento, que servían para el alcantarillado. Los aros de cemento ayudaban a no permitir que la tierra se deslizara.
Con el pozo consiguieron el agua tan necesitada, a casa venían pobladores del Trapecio e incluso algunos de la Florida baja para llevar agua.
Yo sabía del pozo por que lo dejaron instalado hasta que tuve unos siete años.
Muchas familias que habían vivido el terremoto se fueron de la urbanización por miedo a padecer otros sismos, trasladándose a Lima o a Trujillo.
El terremoto de 1970 destrozó muchas construcciones y edificaciones, lo peor la perdida de tantas vidas, algo irreparable.
La urbanización el Trapecio, las demás urbanizaciones, Pueblos jóvenes, Asentamientos Humanos y el Centro de la ciudad de Chimbote, se fueron levantando poco a poco, esta vez intentando utilizar material antisísmico.
Fue una gran desgracia, de la cual mis padres al informarnos siempre resaltaban la buena disposición de las familias Chimbotanas, su trabajo y esfuerzo por apoyarse y salir adelante.
En honor a las víctimas del terremoto de 1970 en Chimbote y a tantas familias que perdieron a sus seres queridos.

