LA FUERZA DE UNA MADRE

Llovió todo el día, parecía uno de esos días por el cual dicen que Dios está enfadado.

Vi a mi madre que se cogía la barriga durante el día. Ella había permanecido casi todo el día en cama.

A eso de las 11 de la noche, mi mamá se puso de pie de un salto, mis hermanos y yo nos despertamos, todos dormíamos en la misma habitación.

Mi mamá se puso el abrigo y salió de casa. Yo era el mayor, tenía seis años, era muy pegado a ella y la seguí como siempre lo hacía.

De lejos la vi coger al asno, le puso la manta y se subió como pudo.

Yo grité: ¡mamá espérame!

Ella tenía la cara empapada entre lluvia y lágrimas, se secó la cara y me hizo un gesto para subir.

La lluvia no cesaba, yo iba cogido de la ropa de mamá. He iba recordando no haberla visto llorar casi nunca, algo pasaba.

La noche era oscura y con la lluvia, creo que a nadie se le hubiera ocurrido salir.

Parecía que íbamos en dirección al pueblo, preferí no preguntar, porque cada momento mi madre cogía con más fuerza las sogas atadas al asno y con las piernas apuraba al animal.

Tenía el cuerpo mojado al igual que mi madre y aun así sentía su cuerpo caliente que me aliviaba el frío que me quería devorar.

Sentía los latidos fuertes, por ratos parecía que se estremecía, pero ella y yo no decíamos palabra, parecía que rendíamos culto a aquella noche, manteniendo el silencio, escuchando la lluvia.

Aún faltaba buen trecho para llegar al pueblo y mamá detuvo al asno al cual le costó unos metros parar.

Ella se deslizó por el cuerpo del animal para bajar, yo la seguí. Directamente, se puso de cuclillas, soltó una de sus polleras y la puso bajo de ella y acto seguido comenzó a pujar.

Ni yo ni el asno nos movimos, a pesar de la lluvia. Mi madre siguió pujando yo sentado a su costado sin saber qué hacer.

Escuché un quejido fuerte, mamá rápidamente se levantó las polleras y cogió a su hijo recién nacido que segundos después comenzó a llorar.

Nunca olvidaré ese día a pesar de mi corta edad.

Mi madre no hablaba mucho, nos dirigía con la mirada o gestos.

Mi padre, si se le puede llamar así, lo veíamos de vez en cuando, hasta que llegamos a ser 6 hermanos y no apareció más. En esos tiempos yo tenía 13 años y lo odiaba porque solo llegaba a gritarnos y pegar a mi madre.

Mi madre trabajaba en casa de una familia de dinero y con eso trataba de mantenernos como podía. No puedo negar haber escuchado mis tripas y las de mis hermanos cantar de hambre muchos días y noches.

Aún me cuesta entender cómo nos pudimos librar de esa cruel vida.

Uno de mis tíos le pidió llevarme a Chimbote para ayudarlo a trabajar, él ya me había explicado que tenía su tienda de abarrotes en el mercado, pero yo sufría al pensar en dejar a mi madre con 15 años.

Quizá ese fue el sacrificio que hicimos los dos para lograr salir adelante.

Ya en Chimbote no ganaba mucho, pero todo se lo enviaba a mi Madrecita.

A los 17 años una de mis tías me contó que uno de mis hermanos había muerto en brazos de mi madre, debido a una fiebre muy fuerte.

Pensaba en el sufrimiento de mi madre, pero ella seguiría adelante.

Ese día me propuse traer a mi madre y mis hermanos en dos años como máximo. Cuando terminaba de trabajar con mi tío, conseguí otro trabajo por el cual incluso me pagaban más.

Dos años después viaje a Santa Rosa, a traer a mi familia, fue un viaje muy largo.

Recuerdo haber llegado a la humilde casa que teníamos, mi mamá abrió la puerta, Dios mío el corazón me dio un vuelco, parecía que para ella había pasado mil años, la vi más delgada, envejecida, con tristeza en su mirada, pero nos abrazamos muy fuerte.

Oh Señor, nunca he sentido tanto amor por alguien como por mi Madre, ni sentirme tan protegido solo con su abrazo.

Mañana es el día de la Madre y visitaré con mis hijos el cementerio Divino Maestro donde está enterrada mi querida Madre.

Ella vino a Chimbote a vivir, trabajó conmigo y mis hermanos en mi propio puesto del Mercado.

Claro que vivimos mejor y mis hermanos menores pudieron estudiar, mamá pudo disfrutar de mis 3 hijos y sus otros nietos. Le dimos todo lo que pudimos y conociéndola sé que fueron sus mejores años de vida.

Quiero agradecer a Julio P. Por su confianza en mi persona para contar la historia de su querida Madre Julia.

Dedicar a todas aquellas madres que tuvieron que emigrar en busca de mejoras.

Desearles con toda la fuerza de mi corazón un Feliz día de la Madre, a todas las Madres de este bello Grupo Fotos Antiguas de Chimbote y a sus Madres. Como también a las madres Chimbotanas.

Un abrazo al cielo a todas aquellas madres que ya no están entre nosotros, pero a su manera nunca se han marchado de nuestro lado. Te quiero mamá.

¡FELIZ DÍA DE LA MADRE!

VAMOS A POR MÁS!

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