TRABAJANDO POR LA FAMILIA

Con 13 años terminé la primaria y viajé a Chimbote, donde viví con mi hermano su pareja Consuelo Decool Vasquez y su primer hijo en el 21 de Abril.

Mi nombre es Enry Barranzuela Abad, mi familia es Piurana, mi padre fue comerciante de verduras y frutas, él viajaba mucho.

Mi madre Mercedes Abad Jiménez, era ama de casa, tuvo tres hijos siendo yo el último. Cuando yo tenía 5 años mi madre comenzó a tener problemas de salud, casi siempre estaba en cama (en Piura creen en temas de brujería).

A mí me gustaba ver jugar fútbol y nunca olvidaré ese día, que un amigo apareció en la cancha deportiva para avisarme que mamá había muerto, tras dos años de convalecencia. Corrí como loco, pero ya era tarde.

Mi hermana mayor Rosario con 20 años se hizo cargo de la casa, mi segundo hermano Juan se independizó e hizo servicio militar.

Mi padre era una persona ausente, con el tiempo nos dijo que teníamos más hermanos, éramos ocho en total. Me enfadé y me dio celos de compartir a mi padre.

Estudie en la Gran Unidad Escolar de Chulucanas.

A la hora de salida corría unas 10 cuadras ida y vuelta para recoger unos marcianos que preparaba una vecina y que yo vendía en el Colegio, así ayudaba a mi hermana quien ya tenía pareja y dos hijos, pero teníamos graves carencias.

Mi hermano Juan, se instaló en Chimbote donde trabajó para PICSA Astilleros, hoy Sima Chimbote.

Estudié la secundaria en el Colegio Santa María Reina, promoción 80, me criaron como a un hijo, fue un cambio tremendo, me proporcionaban ropa, útiles escolares y comida lo cual siempre estaré agradecido.

A los dos años, mi hermano se quedó sin trabajo, cacheluaba, resintiéndose mucho la economía familiar. Gracias a la Asociación de padres de familia de mi colegio pude terminar mis estudios a los 18 años.

A la semana iba viarias veces al muelle a buscarme la vida; limpiar, cargar, etc. Al menos llevaba algunas monedas a casa y pescado para comer.

Me dediqué a sobrevivir, trabajaba en lo que encontraba; operario en las fábricas de pescado, cargador, salíamos a pescar con mi hermano.

Algunos días había pesca y otros regresábamos sin nada exhaustos. Recuerdo haber pasado muchas veces hambre y algún día ser nuestra salvación, el biscocho con plátano.

A mis 20 años mi amigo Robert Revilla Ignacio, entrenaba para postular a la escuela de la Policía Republicana en Lima, yo también postulé.

«Esos vagos no lo conseguirán», decía el jefe de la pesca, pero ingresé. Me sentí orgulloso y feliz al contárselo a mi hermano. Mi gran problema era de donde sacaría los 600 soles para la escuela.

Me fui hasta Piura, donde mi hermana mayor me entregó las joyas de mi difunta Madre, pedimos préstamos a vecinos y amigos, y por último empeñamos el televisor blanco y negro de mi hermano.

Ya en la escuela de policía tuve 6 meses de instrucción, pertenezco a la promociónn 83, tiempo en el cual mi padre fallecido. Mi hermano decidió no avisarme para no perjudicarme en los estudios.

Fui destinado a Madre de Dios, Puerto Maldonado, trabajé en la frontera. Yo me encargaba de la cocina, algo que siempre me ha gustado, mis compañeros me decían; «incluso con piedras puedes hacer un buen guiso».

Conocí a mi esposa, Sonia Ikeda Mamani a mis 23 años. Mi pareja trabajaba en la casa de un alto cargo militar, el cual en su momento, me ayudó a ser trasladado a Chimbote.

No me acostumbraba lejos de mi familia. A los 25 años ya casado, regresé a vivir a Chimbote con mi esposa y mi primera hija Lenka Vanesa.

Nos fuimos a vivir con mi hermano Juan, al Trapecio, a Santa Elena, a una casita para la cual pedimos un préstamo. Compartimos vivienda cinco años, tiempo en el cual fallece mi hermana mayor dejando huérfanos a sus seis hijos menores.

Ellos nos necesitaban y asumimos su crianza. Ya se pueden imaginar el jolgorio; la familia de mi hermano cinco, los seis sobrinos huérfanos y mi familia que ya éramos cinco, con mis dos últimos hijos Paulo Cesar y João.

Fueron tiempos difíciles, pero estábamos unidos. Yo tenía el único ingreso fijo y aparte trabajaba cargando sacos de harina. Mi hermano vendía pescado entre la Av. Aviación y Pardo.

El año 2003 invadimos un lote en el AA.HH. Ramiro Prialé, donde nos trasladamos mi esposa y mis hijos, fuimos construyendo poco a poco nuestra casita, pero decidimos viajar a Japón para mejorar nuestra economía.

Primero fue mi esposa, yo viajé en el 2004 ya jubilado, con mis dos primeros hijos, João se quedó a cargo de mi hermano. Al terminar la primaria regresé para llevarlo con nosotros.

Hemos vivido 11 años en Japón, trabajando en las fábricas de coches, ahorrábamos todo lo que podíamos al tener muy claro que volveríamos a Perú.

Pensamos en diferentes inversiones y finalmente construimos el hotel “El Búnker», el único en AA.HH. Ramiro Prialé. Nos faltó dinero y volvimos con mi esposa a trabajar por un año.

Entre en Hotel y la playa, había construido un gran jardín donde sembraba maíz y plantas ornamentales, ahí disfrutábamos en familia.

Conseguimos brindarles a nuestros hijos estudios superiores y tuvimos la oportunidad de viajar a conocer Perú con mi señora.

El restaurante familiar comenzó de la nada, al principio sin pensarlo. Un día aparecieron por el jardín unos policías buscando refrescarse, yo les atendí porque tenía el hotel al frente y luego me pidieron una fuente de ceviche, de la cual quedaron muy satisfechos.

La gente fue llegando y nosotros implementando y atendiendo. Mi hermano paterno llamado Segundo, vino de Piura, me ayudo con la cocina por un tiempo, pero por cosas del destino no siguió.

Como siempre me gustó la cocina y la clientela nos buscaba, nos decidimos y pedimos un préstamo con el cual fuimos construyendo lo que es hoy en día “la Chinganita del Búnker Cevichería”, donde también pueden degustar comida piurana.

Por temas de salud le pedí a mis hijos su apoyo, actualmente ellos se hacen cargo del restaurante, de lo cual estoy muy orgulloso, nosotros seguimos apoyándolos en lo que podemos.

Llegada la hora del cierre del restaurante, colocó una silla de descanso al frente de la Costanera, y agradezco a Nuestro Señor, por haber podido superar todo lo que hemos vivido.

Somos gente trabajadora y siempre estaré muy agradecido con Chimbote nuestro hogar, y su excelente gente que nos visita.

Agradezco también a mis hermanos, a mi cuñada y a mi querida esposa, por estar siempre juntos y apoyándonos.

Por mi parte, quedo siempre admirada frente a las historias familiares de superación que salen a la luz, agradezco al Sr. Enry Barranzuela Abat, por la disponibilidad y confianza depositada en mi persona para poder escribir parte de sus vivencias.

VAMOS A POR MÁS!

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