¿Qué quieres estudiar? esta pregunta comenzó a sonar en mi interior, cuando tenía 13 años. A los 16 años sabía que me gustaban tres carreras: Trabajo Social, Nutrición o Diseño y Moda.
En el verano del 85, mi vida cambió por completo, como muchos Chimbotanos había terminado la secundaria y tenía que seguir los estudios universitarios decidiéndome por viajar a Lima.
En ese tiempo fue donde conocí el trasiego de las agencias de viaje de Chimbote; Turismo Chimbote que quedaba en la Av. José Pardo cuadra 6, Agencia de Transporte Cruz del Sur ubicado en la Av. Francisco Bolognesi cuadra 5, Empresa de Transportes Chinchaysuyo, también ubicada por esos años en la Av. Francisco Bolognesi cuadra 5 y Transportes Tepsa ubicada en la primera cuadra de la Av. Enrique Meiggs, estas eran algunas de las agencias más conocidas.
Fechas como Navidad, Año Nuevo, día de la madre o del padre y por supuesto las Fiestas de San Pedrito y Fiestas Patrias, eran fechas en las que los pasajes de Lima-Chimbote y viceversa eran muy solicitados.
¡¡¡Necesito viajar a Lima!!!
Tenías que estar al tanto de cuando se abría la venta, o cuando habilitarían otro bus. Alguna vez que no conseguían el pasaje de regreso a Lima, la pasaba realmente mal porque eran días de clases que perdía. Si corrías mucha prisa, la otra opción era esperar en la Plaza Almirante Miguel Grau, a la altura del Hotel de Turistas «Gran Chimú» o por la altura del Estadio Pensacola, hoy en día «Estadio Centenario Manuel Rivera Sánchez» algún bus de Trujillo-Lima, por si tenían algún asiento libre. Nunca me dejaron viajar así por temas de seguridad.
Durante el viaje el bus hacía una parada, ya sea en Barranca o en Huarmey. Recuerdo muy claramente el Señor que vendía los alfajores, el cual esperaba en horas de la madrugada ya sea verano o invierno para subir al bus ofreciendo su producto.
Casi todos bajaban para poder estirar las piernas, alguno que otro tomaba algo mientras los chóferes comían. En invierno a penas bajabas del bus sentías el frío calándote los huesos y como sea te metías al restaurante para hacer cola para el baño.
Cuando los choferes terminaban de comer, nos avisábamos entre los pasajeros y volvíamos al bus. En el tiempo que dejaban las puertas abiertas del bus, recuerdo haberme subido a otro por error, me di cuenta porque faltaba mi equipaje de mano. Algún amigo me contó que despistado le dejó el bus, todo y que el conductor siempre decía que levantara la mano quien faltaba.
Era increíble la cantidad de desplazamientos que se realizaban.
En Lima vivía en una pensión de Señoritas en Jesús María. Se trataba de una casa Colonial bien conservada, el terreno de la casa era grande, las mejores habitaciones eran las de la casa principal, pero aparte habían construido unas 10 habitaciones más con techo de Eternit, donde ubicaban dos camarotes por habitación. En total éramos alrededor de 50 jóvenes alojadas. El sitio contaba con 4 baños, toda una dificultad de logística.
La pensión implicaba una despensa mensual alta. Mis padres, aparte nos enviaban dinero para los gastos de la Universidad, los útiles y libros que se habían de comprar y dinero para comprar algo de comida y productos de higiene. También recuerdo la encomienda semanal infaltable que enviaban por la agencia Turismo Chimbote, en la cual básicamente recibíamos viáticos, era realmente todo un presupuesto.
Una empleada de la dueña de casa regentaba la pensión, se encargaba de cobrar, del mantenimiento, las comidas, el orden y de mediar entre las chicas.
El tema de la comida para mí fue toda una enseñanza de vida, lo cual siempre agradezco. Teníamos comida de lunes a sábado, desayuno y dos comidas al día. Los domingos teníamos que apañarnos nosotras, en primavera terminábamos con la planta de higos de la pensión, oh que recuerdos…
Yo era muy especial y problemática para comer, pero no pasó ni seis meses para cambiar de un extremo al otro. No tuve reparo en pedir a alguna compañera que me de el plato que no comía y gracias a Dios les caí muy bien a las cocineras las cuales, si llegaba tarde, me guardaban mi comida y alguna fruta que quedaba.
Otro asunto era la convivencia entre tantas mujeres, había temporadas en las que entraban algunas niñas revoltosas y engreídas, que no paraban de discutir por verdaderas tonterías de adolescentes; que me miras mal, que no me hables, que ese chico lo vi primero, que tu novio me busca, etc.
Yo jamás me metía, pero salía perjudicada por que algunas cortaban o hacían desaparecer la ropa.
El primer verano que pasé en la pensión, el que me preparaba para el examen de admisión, recuerdo que se escuchaba en las habitaciones a todo volumen la canción de moda George Michael, Careless Whisper, Susurro Indiscreto. Por razones como esta tuve que aprender a estudiar de madrugada, ya que durante el día escuchaban música a todo dar y sabiendo que las discusiones terminaban tan mal, no me atrevía a decirles que bajen el volumen o apaguen la radio. Ponía mi despertador a las 2am. y tenía la tranquilidad perfecta para estudiar.
Muchas familias Chimbotanas hasta hoy en día viven esta realidad, el que sus hijos tengan que viajar a Lima, Trujillo u otras ciudades para continuar con sus estudios superiores, pero lamentablemente no todos estábamos preparados para hacernos cargo de nuestras vidas a esas edades y si no tenías tus objetivos claros, sin la familia cerca, era muy fácil perderse por el camino entre falta de disciplina, no saber administrar el dinero, salir de fiestas, novios, alcohol o drogas.
¡¡¡Necesito viajar a Chimbote!!!
Dedicado a aquellas familias que se sacrificaron por darles un futuro mejor a sus hijos.
Agradecer a las Agencias de Transportes de Chimbote, a sus choferes, quienes nos trasladaban sanos y salvos a nuestro destino.
Foto: (Bus de la Desaparecida Empresa de Transporte «Turismo Chimbote» que se ubicaba en la sexta cuadra de la Av. José Pardo a mediado de los años 80′ – Luis Gutiérrez).

