Toda mi vida he hecho caso a la razón, a ese mantra que los padres nos repiten una y otra vez.
Siempre he caminado con pies de plomo para evitar hacerme daño.

Pero ahora me cuestiono, porqué no dejarme llevar??
Dejarme llevar por aquello que me da vida, que me pone la piel de gallina de solo pensarlo.
Por aquello que nos activa y nos hace sentir especial.
Sí, claro por ser razonable!!!
Ser razonable me aleja de lo que quiero vivir.
Solo pienso en correr contra el viento, sí pienso en los riesgos pero no tengo miedo, me es igual saltar por el acantilado sin saber que hay después.
Es ese punto de vida en el cual prefiero perder todo y aunque me quede sin nada, lo poco o mucho sentido habrá valido la pena.
La vivencia, el tiempo que dure o lamentablemente su recuerdo, esa sensación es la que me sostendrá hasta el final de mis días.
Siempre he sido razonable y me ha ido bien, pero creo que es mi zona de confort y quiero más, yo quiero vivir.
Ser razonable me separa de lo que amo, daña mi corazón, me pone triste, me quita la alegría, desdibuja mi sonrisa.
Renunciar a todo eso por la razón, es un precio muy alto.
Maldita razón, pasa la vida y de lo que más te acuerdas son de esos momentos en que dejaste la razón de lado y te lanzaste a vivir y claro que valió la pena.

