Acoso

Tendría unos 13 años (1981), y me iba al Colegio Inmaculada, un día por la tarde.
En ese tiempo vivíamos en el Trapecio y me trasladaba los colectivos de la línea 3. Lo cogía en el ovalo de la segunda, vacío por ser horas de la tarde. Salude, subí a los asientos de atrás y siempre me sentaba al lado de la puerta, a la altura del conductor.


Saque mi cuaderno para ir refrescando algunas cosas por el camino. Tenía mi bolígrafo en el bolsillo por si quería hacer alguna anotación.
En la primera etapa del Trapecio subió una pareja de mediana edad, a los asientos delanteros, los cuales mantenían una conversación amena.

A poco de salir del Trapecio el coche se detuvo por otro pasajero que lo solicitaba. Solo vi que era un hombre como de 35 años. Subió y se sentó a mi costado.

Yo seguía inmersa en el tema de la exposición de historia. Siempre me gustaba repasar bien el tema, no aprenderlo de memoria y tener algún esquema para ubicarme, ya lo tenía, cerré mi cuaderno y como siempre me puse a mirar por la ventana. Me distraía construyendo historias en mi cabeza relacionadas con lo que veía; las casas, la gente pasar, los carros, el día.

De pronto sentí que mi falda se tensaba del lado de mi derecha, acto seguido volteé a ver al pasajero que estaba a mi costado. El hombre miraba al frente, con la cara sin mayor gesto. Bajé la mirada y vi que tenía una casaca que le tapaba la mano izquierda, la mano derecha la llevaba encima.

De golpe sentí sus dedos tirando de mi falda!!! Podía escuchar claramente como se aceleraban los latidos de mi corazón, como cruel música que anuncia algo malo.
El hombre ni se inmutaba.

Sus dedos tocaron mi pierna del lado que estaba junto a ese… desgraciado.
Yo… yo me quedé pasmada, buscaba la mirada del conductor por el retrovisor. Escuchaba que la pareja hablaba, pero no les entendía. Rogaba que suba otro pasajero y hasta en un momento pensé en bajar del colectivo, pero y si ese hombre, por decirle algo, bajaba detrás mío, si me seguía…


No podía reaccionar, eran segundos, pero mi cabeza iba a mil. El hombre intentaba tocarme la pierna!!!


Yo giré hacia la ventana, esta vez mirando al vacío, petrificada. No podía, no me salía ni un maldito grito. Me sentía mal, frente a algo tan asqueroso.
De manera instintiva cogí mi bolígrafo, lo puse en la palma de mi mano e hice un puño. Al primer golpe que le di se detuvo, pero yo no quería eso, yo quería que dejara de tocarme!!!

Tenía miedo de verle la cara, yo seguía mirando por la ventana tratando de no ver, ni sentir lo que estaba pasando, pero mi cerebro no dejaba hacerme historias como otras ocasiones.

Nuevamente sentí que movió sus dedos para tocarme.


Esta vez levanté el brazo más alto y con mucha más fuerza y rabia comencé a clavárselo.
Ese desgraciado esta vez si paro, pero yo… yo no pude parar, levantaba y bajaba la mano con toda la fuerza de mi alma.

En un momento sentí el bolígrafo encallado y volví a tirar con fuerza. Al parecer le había logrado clavar el bolígrafo en la mano. El hombre tosió intentando disimular su dolor. Yo levante nuevamente mi puño sujetando el bolígrafo y baje la mano con rabia, y con toda la fuerza de mi alma, esta vez se lo clave en la pierna. El hombre se apartó de seguida hacia la otra puerta.

Yo sentí un fuerte dolor en mi mano, el bolígrafo se había roto y un trozo me había atravesado la piel de la palma de la mano.
Todo fue muy rápido y violento.


El conductor giró a ver que pasaba, vio al hombre con la sangre y a mi me buscó por el retrovisor.
Recuerdo haber sentido mucho odio, ira y asco.
El chófer paro lo más rápido que pudo el colectivo. La Señora gritaba: que pasa… que pasa!!!
El colectivo no llegó a parar bien y el hombre abrió de seguida la puerta y salió corriendo.
Vi al chófer abrir la puerta de mi lado, observaba que hablaba, pero yo no lo sentía. La pareja bajó del colectivo.

No quería creer lo que estaba pasándome.


Sentí que alguien se me acercaba por el lado derecho, me fue a tocar la mano y yo pegué un grito… por fin!!! era el pasajero de delante.
El Chofer me miraba y me hablaba y hablaba, yo no… no podía hablar. El conductor cogió mi mano con sangre y me sacó el trozo de bolígrafo.
Yo no bajé del auto. Me alcanzaron un vaso de agua, me limpiaron la mano y la herida.


Me sentía destrozada, con miedo, con impotencia, rabia de mi misma de haber dejado que esos malditos segundos pasarán.
El conductor buscaba mi mirada, hasta que recién pude mirarlo, le escuché decirme, cálmate, cálmate, yo rompí a llorar, el se fue a acercar, pero acto seguido me aparte, lloraba sin parar. Me preguntaba que había pasado, yo… yo no conteste.


La pareja tomó otro colectivo. Yo le pedí al conductor que me regresara al ovalo de la segunda etapa del Trapecio. El me dijo, tranquila que no aceptaré pasajeros.
Llegó a donde me recogió, volvió a preguntarme si estaba bien, y que había pasado, yo abrí la puerta del coche y eché a correr para mi casa llorando desconsoladamente. Entré a mi cuarto y pegué gritos y patadas, llorando por un buen rato.


Miré la herida de mi mano, me dolía la palma y los huesos. Revisé mi falda y mi blusa, estaban con sangre. Lavé como pude mi uniforme para que no quedara ninguna huella. Recordé la exposición de colegio y volví a llorar.


No conté lo que pasó a nadie, sentía asco e impotencia de contar tal bajeza. Me sentía cómplice por no haber podido gritar, pegarle, pedir ayuda… No quería, no quería preguntas, no quería que me dijeran; por qué no hiciste esto, o aquello. Solo quise quitarlo de mi mente.
Aún con miedo tuve que seguir viajando en el colectivo 3, pero desde ese asqueroso episodio, siempre iba en el asiento delantero, y seguí llevando un bolígrafo en el bolsillo, y mi miedo a cuestas.


Estos días, escribiendo de mis padres, recordé lo sucedido, lamentablemente no todos enfrentamos las cosas como se tendría que hacer. Decidí compartirlo, por si alguien se tiene que cuidar de estas malas personas.

VAMOS A POR MÁS!

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