El algodón de azúcar

Era algo hipnótico, no me podía resistir, tan solo ver su color, su forma, su olor, la boca se me hacía agua.

¿Quién no recuerda haber comido el algodón de azúcar de adolescentes o incluso de adultos?

Esta esponjosa golosina es una de las estrellas de las ferias en el mundo, y en nuestro caso en Chimbote lo he visto muchas veces en el cementerio Divino Maestro, en los días especiales de la Madre, del padre, y otras festividades, sin excluir el pasado día de los difuntos.

En relación con su origen, existen varias teorías; una de ellas dice que comenzó en Estados Unidos a finales del siglo XIX, hecho únicamente con sacarosa y con adición de colorante.

Otra teoría adjudica su creación a John Wharton y William Morrison, dos fabricantes del dulce de Nashville (Tennessee). Al parecer fueron ellos quienes inventaron una máquina con una cuenca giratoria y agujeros minúsculos con los que hacer los primeros algodones de azúcar.

Esta máquina capaz de transformar el azúcar en algodón, en el hilo característico que da textura al algodón dulce, fue patentada en 1899.

Inicialmente, le llamaron “The Fairy Floss”, hilo de hadas.

Otra de las teorías es atribuida a Thomas Patton, quién recibió una patente para poder utilizar un invento, que consistía en una placa giratoria sobre un horno de gas, con la que se conseguía el algodón de azúcar.

Y la última teoría y no menos importante es la que indica que el algodón de azúcar, nació hacia el año 1400 en Italia. Cuentan que los cocineros solían calentar azúcar, hasta que se haga líquida y luego, con un tenedor o un utensilio similar, formaban largos hilos flexibles que después enredaban y los usaban como decoración de otros postres a base de crema.

A pesar de su incierto origen, el algodón de azúcar, ya sea por su sabor, olor y facilidad de hacerlo, se ha convertido en una de las golosinas preferidas de niños y adultos en todo el mundo.

VAMOS A POR MÁS!

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