17 de Junio, difícilmente será una fecha que olvidaré, en lo que me resta de vida. Mis padres murieron el mismo día.


No suelo hablar de mi dolor, por la pérdida de mis padres, pero esta vez me ahoga en el pecho el no contarlo.


Mi dolor es, correr y saber que por más esfuerzo que hago no llego, no llego a verlos más.


Es llamar por teléfono esperando me contesten ellos, y luego de una eternidad escuchar otra voz, que simplemente me hace aterrizar en la realidad, que ya no los escucharé jamás.


Es ver las fotos y encontrarme con ellos y miles de recuerdos, recuerdos, no realidades actuales.


Es una desesperación que me invade, que me oprime el pecho, que me detiene el latido, y me paraliza por completo.


Dolor por vuestra partida papás, es salir sin rumbo y caminar y caminar, tratando de encontrarlos, sentirlos, escucharlos o simplemente olerlos, y no tener respuesta.


Es ese día, que me toca el corazón y no quiero despertar.


Es mirar al horizonte, sin destino, porque si fijo la vista o me encuentro con alguien, me desplomo y me dejo abrazar, por el dolor y el llanto.
Dolor es, mencionarlos en pasado, y escucharme a mi misma diciendo ya no están.


Mi tiempo por momentos es rápido y cuando los pienso, es lento, muy lento. MI tiempo puede tirarme, puede vencer mis rodillas.
Mi dolor es, sentir que todo sigue, pero como pedir, que se detengan por mí, porque sufro.


Todos me piden que lo deje atrás, que ya pasó, que el tiempo lo curará todo. Recién han pasado dos meses, no puedo.


Sé que tengo que mantenerme de pie y seguir, por ello agradezco infinitamente, a todas las personas que conocían a mis padres, que me cuentan sus anécdotas, los sabores de las raspadilla que les gustaba, que me hablan de su cariño; por haber sido personas serranas, admiración; por ser mis padres trabajadores incansables, y respeto hacia ellos, y por supuesto agradezco vuestro apoyo hacia mi cruzada personal, por la salud de los Chimbotanos.


El dolor existe, aunque no me guste hablar de ello, y hoy se planta en una balanza, con movimientos inquietantes, frente a la gran enseñanza de vida, que me dejaron mis padres, y sabéis que…???


Mi nombre es Mónica Lora Yon, hija de Esperanza Yon Goín de Lora y de Ricardo Lora Wekselman, con todo el orgullo que eso implica Ellos no me enseñaron a caer, me enseñaron a levantarme una y otra vez más, a luchar y seguir, pase lo que pase, y a pesar del dolor.


La balanza se inclina, para seguir adelante, porqué esta en mi sangre, porque está en mi ADN

VAMOS A POR MÁS!

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